Voltaire contraataca (fragmento)André Glucksmann

Voltaire contraataca (fragmento)

"«Verdadero o falso», verdad o mentira, poco le importa. Político, religioso o los dos mezclados, el fanático manda la verdad a tomar viento. La verdad es lo que él dice porque él lo dice. El fanático puede infectar no importa qué doctrina, no importa qué religión, nadie tiene la exclusividad sobre ellas. El Gran Inquisidor de Dostoievski refleja el eco cristiano del Mahoma volteriano. En cuanto a los viejos hebreos del Antiguo Testamento, depositarios del «pueblo elegido», el autor de Cándido abomina de ellos más que de los judíos de su entorno. La paternidad del monstruo cristiano les corresponde: «En el fondo, nosotros no somos más que judíos con prepucio». Cuando Voltaire escribe «nosotros», entiéndase «nosotros los católicos», es una simple constatación del origen, de ninguna forma un honor, y todavía menos una reivindicación. Los judíos normales cuentan con el beneficio de circunstancias atenuantes, que no tienen los cristianos, «por mucho que sus famosos rabinos Maimónides, Abrabanel, Aben Ezra y otros dijeran a los cristianos en sus libros: “Nosotros somos vuestros padres, nuestras escrituras son las vuestras, nuestros libros son leídos en vuestras iglesias, nuestros cánticos son cantados en ellas”. Se les respondía con saqueos, cazándolos o haciéndolos ahorcar entre dos perros; en España y Portugal se tomó la costumbre de quemarlos». Si Cándido se carga al judío Isacar no es por antisemitismo. Lo que verdaderamente le molesta es el horrible pacto que el judío había establecido con el inquisidor: el reparto fiftyfifty, por las buenas o por las malas, de los encantos de Cunegunda. Nada más caer por tierra el banquero judío, Cándido atraviesa inmediatamente al poderoso jesuita. "


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