Voces humanas (fragmento)Penelope Fitzgerald

Voces humanas (fragmento)

"Pero Francia sigue luchando fue cancelado y devuelto a las estanterías para dejar sitio a las crecientes instrucciones de defensa. Quizá, a decir verdad, nunca había estado programado. Solo el DPP estaba en condiciones de dar una respuesta.
Eddie Waterlow tuvo considerables dificultades para librarse de Fred Shotto. El viejo, que había empezado como bailarín de zuecos a los cuatro años, había aprendido a ser persistente en una escuela mucho más dura, como hizo notar, que la guerra de Hitler, y, además de eso, estaba convencido de que, al conseguir trabajo, le guardaba el sitio caliente a su hijo. Mucho después de que se hubiera despedido al reparto, él se aferraba aún a la silla, y Eddie se vio obligado, finalmente, a hacer una grabación de I’ve Got The You Don’t Know The Half Of It, Dearie Blues, a toda velocidad, temblorosa, que podría haberse convertido en una pieza de coleccionista si no hubiera sido catalogada enseguida como desecho. Despachado por fin, se le ofreció una copita de despedida. Fred se puso entonces cariñoso a la antigua usanza del teatro, empezó a contarle a quienquiera que se le pusiera a tiro que el señor Waterlow lo había hecho un hombre feliz, y a todos aconsejaba que confiaran en Jesús hasta que los nubarrones se disipasen. Resultaba que Fred había pasado algunos años duros, también, como predicador evangelista.
Después de perder el programa, Eddie vagó por el edificio y echó una mano aquí y otra allá, pensionista del arte al que la Broadcasting House, por muy en guerra que estuvieran, no tenía corazón de desalentar. Le dijeron que Francia sigue luchando «podía haber comportado falsedad»: la BBC seguía fiel a la verdad, aun cuando la estiraran un poco para no herir los sentimientos de sus empleados.
Como institución incapaz de mentir, era única en la invención de dioses y hombres desde el oráculo de Delfos. Como gestores, no eran más que pasables, pero ahora, al acercarse el otoño, y con los exiliados amontonándose en las nuevas secciones, transmitían en el sentido estricto del término, difundiendo voces humanas en las tinieblas de Europa, seguros de que más de la mitad habían de perderse, algunas comidas por los pájaros, otras en pedregales y entre espinos, para que solo unas pocas dejaran huella. Y todos los que trabajaban allí, que se quejaban amargamente de la cortedad de miras de sus colegas, de la vanidad de los locutores de noticias, de la inaccesibilidad de los interventores y de la restrictiva naturaleza de la única cucharita de té del comedor, sentían cierto orgullo, que no tenían manera de expresar entonces, ni tendrían después. "



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