Palomita Blanca (fragmento)Enrique Lafourcade

Palomita Blanca (fragmento)

"Todavía me acuerdo del dieciocho que fue medio triste porque no salí a ninguna parte y ese mes se pasó volando y Octubre pasó volando y todo se me confunde un poco y me parece que fue algo que le pasó a otra persona, y veo a mi madrina encerrada con la radio puesta, la Parada Militar, los discursos de Allende, yo en la puerta esperando a Juan Carlos, sin noticias, y para el dieciocho ni la Telma me vino a buscar que a veces salíamos a dar una vuelta a las fondas de Conchalí. Y la mamá que nos caía con más problemas, que no sabía qué hacer, que se estaban muriendo de hambre, que don Beno andaba desaparecido, y que los hermanitos, pero la madrina no quiso recibirla, ni yo tampoco, porque no quería verla más, desde lo del Porotito, mi madre... yo decía que la madre es algo sagrado, pero ¿cómo iba a quererla? Y cuando me ponía a leer "Quiero casarme con ella" donde habían unos como pensamientos de Maud, que se había enamorado de Leonard Green, y mi mamá afuera dándole de patadas a la puerta, que nos daba más vergüenza, porque todos en el cité ya sabían, y eso que era un cité tranquilo y decente y don Feliciano en la tarde, que era el dueño del cité y vivía en la casita del fondo, vino a preguntarnos que quién era esa vieja curada que daba gritos y trató de echar la puerta abajo, y qué me iba a atrever a decirle yo, o mi madrina... Y, así, los días que estaban más bonitos, con harto sol, y la Mirta que se había ido a Rancagua donde unos tíos a pasar la vacaciones. Y de nuevo, el 21 me parece que fue, sí, el 21, cuando yo había ido a la panadería y regresaba y "El Milico" andaba más curado y me decía siempre cosas, que siempre estaba en el "Santa Claus" que era como un restaurant que quedaba al lado del cité, donde a veces había peleas, y comencé a sentirme nerviosa porque vi el auto, aunque ahora veía siempre esos autitos, que en Santiago había muchos y siempre miraba y siempre creía que lo iba a ver adentro, con otra, y no era y entonces me ponía a respirar bien, y allí estaba el auto y a lo mejor no era, de nuevo. Pero era, Juan Carlos. ¡Era él!
Fuimos a Las Condes, bien arriba, por La Dehesa, que dicen, como en el campo, con unas casas enormes y lindas. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com