El oso malayo (fragmento)Ramón J. Sender

El oso malayo (fragmento)

"Es verdad que estoy un poco en el limbo, un limbo neutro y propicio donde nada interfiere en mi necesidad de expresarme. Aunque a lo largo de los caminos no tenga a veces con quien hablar. Porque Karbo cultiva el silencio como un rito propiciador del kharma. Este limbo no me serviría para nada sin embargo, si mi recuerdo no estuviera lleno de substancia trágica (la decapitación de mi padre), dramática (el encarcelamiento en un impace subterráneo de todos los sirvientes nuestros menos Karbo), cómica (aquella anciana que insultaba al sheick Abdelazid llamándolo puercoespín de Capadocia) etcétera. En este etcétera podemos poner todo lo que queramos, seguros de acertar si no se trata de indignidades físicas o de aberraciones, de las que no hay nada en mi vida a pesar de ser yo un hombre capaz de comprenderlo todo. Por eso los árabes me resultan insufribles.
Comprendo todas las cosas (las mayores miserias imaginables, de verdad) aunque comprendidas y todo no las disculpo. Esto sería otra cosa. A Karbo le pasa lo mismo aunque a medida que se acostumbra al vino parece menos estricto.
Hay cosas que no se deben ni se pueden tratar de disculpar. El orden de la creación de Dios lo exige así. Yo creo en ese orden. Por ejemplo, asesinar al padre de una virgen con tres colmenas de abejas es de veras legítimo. Ellas son parte de Yama, Señor de la Muerte, y su decisión es sagrada. Las palabras nominativas formadas por cuatro letras como Zeus, Yama, la latina Apis aluden al tetragrammaton y eso quiere decir algo para nosotros.
Al norte de Bombay comienzan las influencias de Occidente por el lado religioso. Van apareciendo algunas misiones de santo Tomás, de san Juan evangelista cuyo cuerpo sepultado en mármoles produce maná en los días de la Pascua. Un maná parecido a la miel.
Esas misiones están más al interior y los musulmanes las respetan. Las que fueron fundadas en lugares pacíficos de la costa hindú tienen un aspecto acogedor e idílico. Las que se levantaron en lugares inseguros hacia el interior participan de la severidad almenada de las fortalezas militares. Hay algo en ellas de fortín. También hay algunas misiones más al norte y entre ellas la de san Jorge y el dragón que son la misma alegoría de Bellerofón y la Chimera tal como la veneran en la Última Hesperia. "



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