Capricho (fragmento)John Fowles

Capricho (fragmento)

"R.: Yo no podía acercarme, señor. No había donde cubrirse. Si alguno llega a volverse, me descubre. Entonces pensé que si retrocedía un poco tal vez pudiera situarme por encima de ellos, en la pared que cerraba la hondonada. Así lo hice, señor, a costa de arañarme las manos y la ropa en el primer trecho, y de invertir en el empeño más tiempo del que pensaba. Aquellos parajes eran más para las ardillas que para los seres humanos. Pero al fin logré subir y arriba estaba despejado el terreno, como yo esperaba. Entonces eché a correr hacia el borde que dominaba la hondonada. Cuando llegué encima del lugar en el que calculé que estaban ellos, lo primero que hice fue arrancar unas ramas para atisbar desde detrás. Luego, me acerqué al borde de la pared arrastrándome sobre el vientre y me situé entre unas matas de arándano. Era como estar en el anfiteatro de Drury Lane, a mis anchas, con toda la explanada extendida debajo de mí.
P.: ¿Por qué callas?
R.: Para rogarle que crea lo que ahora voy a decir. Por algo he aludido al teatro. Nunca se ha representado una obra tan fantástica. Ni la mitad.
P.: No prometo el crédito de antemano. Cuenta.
R.: Habría creído que estaba soñando, de no ser por el calor del sol y el jadeo de la carrera.
P.: Basta de rodeos. Adelante.
R.: Bien, señor, lo contaré lo mejor que sepa. Al otro lado de la hondonada había una pared rocosa, de la altura de una casa. Al pie de la pared se veía la boca negra de una gruta. Supuse que la usarían los pastores, señor, porque en el suelo había una valla rota y a un lado vi la hierba ennegrecida, como si hubieran encendido una gran hoguera. Más cerca, había un pequeño estanque formado con el agua de una fuente represada por un dique de tierra hecho por la mano del hombre. Al borde de éste había una piedra alta, no tanto como las de Stonehenge, pero sí de la altura de un hombre, como para marchar el sitio.
P.: ¿No había corderos?
R.: No, señor. Sin duda ocurre como en mi tierra, que esos pastos no están crecidos hasta últimos de mayo, aparte de que no se arriesgarán a llevar tan lejos a los rebaños hasta que están fuertes los corderos. "



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