Por último, el corazón (fragmento)Margaret Atwood

Por último, el corazón (fragmento)

"Stan deja volar la mente. El tiempo pasa; lo que tenga que ocurrir es ya inminente. No puede hacer nada al respecto.
¿Serán mis últimos minutos?, se pregunta. No puede ser. A pesar del momento de pánico que ha sufrido antes, ahora experimenta una extraña calma. Pero no está resignado, no está paralizado. Al contrario, está intensa y dolorosamente vivo. Puede percibir los atronadores latidos de su corazón, puede oír cómo la sangre le recorre las venas, puede sentir cada músculo, cada tendón. Su cuerpo es sólido como la roca, como el granito; aunque quizá tenga la barriga un poco fofa.
Tendría que haber hecho más ejercicio, piensa. Tendría que haber hecho más de todo. Tendría que haber sido menos... ¿menos qué? Al repasar su vida, se ve tendido sobre la tierra como un gigante cubierto de hilos minúsculos que lo tienen inmovilizado. Hilos minúsculos de inquietudes insignificantes, preocupaciones pequeñas y miedos que se tomó en serio en su momento.
Deudas, horarios, la necesidad de dinero, el anhelo de comodidades; la melodía pegadiza del sexo, repitiéndose una y otra vez como un bucle neuronal. Ha sido la marioneta de sus propios deseos reprimidos.
No debería haberse dejado enjaular allí, apartado de la libertad por un muro.
Pero ¿qué significa ya la libertad? ¿Y quién lo ha enjaulado, quién ha levantado ese muro? Lo ha hecho él solo. Con tantas decisiones pequeñas... La reducción de sí mismo a una serie de datos numéricos en manos de otros, controlados por otros. Tendría que haber abandonado las ciudades desintegradas, huido de la vida encorsetada e incómoda que llevaba. Tendría que haber salido de la red electrónica, haber tirado todas las contraseñas, haber deambulado por la tierra como un lobo famélico, aullándole a la luna. "



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