Siempre el dinero (fragmento)Hans Magnus Enzensberger

Siempre el dinero (fragmento)

"Últimamente he empezado a hojear la sección de economía del periódico durante el desayuno. Me da la impresión de que la mayoría de las novelas policíacas no le llegan a la suela del zapato a lo que un día tras otro se cuenta en esas páginas. Alguien que cometa un asesinato por celos es un ángel al lado de cualquiera de esos criminales de guante blanco. Como lector no puede uno evitar frotarse las manos cada vez que un directivo de un fondo de inversiones termina entre rejas, aunque en el fondo sospecha que pronto lo soltarán por buena conducta y que sus sucesores ya se han puesto manos a la obra para proseguir con los negocios turbios. En un mismo ejemplar del Frankfurter Allgemeine Zeitung, el periódico de referencia del capital alemán, encontré ayer mismo cuatro noticias en esa línea. El titular decía: «Los bancos de Europa y América deberán pagar cien mil millones de dólares por diversas estafas. Entre las actividades fraudulentas hay violaciones de sanciones económicas, blanqueo de capital, manipulación de los tipos de interés, complicidad con la defraudación de impuestos, ocultación de riesgos y negocios hipotecarios cuestionables.»
Eso sí, la redacción expresaba su comprensión hacia un sector tan vilipendiado. Desde luego, sería necesario sacrificar algún que otro chivo expiatorio; al fin y al cabo, ovejas negras las hay incluso en los rebaños más hermosos. Y era cierto que, lamentablemente, algunas personas se habían tirado por la ventana, o se habían colgado de un puente de Londres.
Pero eso no era motivo suficiente para cargarse definitivamente un gran banco. ¿Adónde iríamos a parar?
A veces la rabia puede conmigo y clamo contra la justicia de clase. He aquí uno de esos términos del siglo XIX que he tomado prestado de la izquierda. La pequeña Fanny se tapa los oídos cada vez que lanzo una de mis diatribas. Por lo menos puedo hablar con Fabian, aunque la jerga económica lo pone de los nervios. En su opinión, los llamados analistas y asesores de inversiones son tan de fiar como los videntes que leen los posos del café, y fingen saber más de lo que saben sólo para engrosar sus sueldos y comisiones. Si realmente sus consejos fueran infalibles, serían más ricos que sus jefes y sus clientes.
Mi madre no entiende por qué nos interesamos por estas cosas. «Nosotros nos conformamos con ir sorteando las dificultades. ¡Menuda pérdida de tiempo!» Y sigue sin fiarse ni un pelo de nuestra tía. «La tía Fé no es tan encantadora como creéis», asegura. «Lo único que quiere, en el fondo, es burlarse de Franz y de mí. Me pregunto qué tramará realmente con vosotros. ¡La de barbaridades que os debe de contar! Sólo espero que no te las creas todas.»
«¿Insinúas que miente?» «No directamente, pero espero que no te dejes deslumbrar por sus encantos. Ya sabes algunas cosas acerca de sus correrías...»
No tenemos dinero, así que tenemos que pensar. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com