El dios de Darwin (fragmento)Sabina Berman

El dios de Darwin (fragmento)

"Guardé el sobre en un cajón del escritorio, me fui a caminar aprisa, furioso y trémulo. Crucé el jardín de pasto y salí por la puerta al campo de hierbas altas.
Con ese mar verde hasta las rodillas decidí no publicar el maldito Origen. El engorroso Origen. El peligroso Origen.
Podía vivir sin publicarlo. Publicando observaciones sobre formaciones de corales, sobre lapas o sobre la intrincada y diminuta vida de mis jardines. Sobre mariposas, lombrices de tierra, moscas de la fruta, abejas, termitas. Observé en la distancia el sauce llorón. Su tronco cubierto de enredaderas.
Podía, me entusiasmé, estudiar las lentísimas serpientes vegetales que son las enredaderas.
Eso haría, trabajos discretos que me aseguraran el respeto de mis prójimos.
Me bastaba ser eso, un científico discreto y respetable, un buen padre y un esposo amoroso. No un Copérnico. No un Hércules del relato humano. Recargué la espalda en el tronco joven de un abeto.
Falso, falso, falso, me dije, no podía vivir sin publicar lo que me había costado tantos años de vida averiguar y apalabrar.
Completaría la evidencia contra Dios. Me tomaría mi tiempo, la seguiría reuniendo de los cuatro rumbos del globo, sin dejar de trabajar en ello cada día.
Escondería la formación de mi gran libro, mi libro trascendente, mi libro abrumador, detrás de otras publicaciones humildes, por ejemplo sobre las diminutas lapas o las lentas enredaderas.
Y aunque fuese en cinco años, o en diez, mataría la mentira de Dios. El engaño de Dios. Esa idealización que nos deforma la percepción de la Naturaleza. "



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