El mar de las Sirtes (fragmento)Julien Gracq

El mar de las Sirtes (fragmento)

"En el mes de mayo, los jardines Selvaggi, a la salida del laberinto de rocalla y mármol que domina la colina, forman un reguero único de azufre claro que arde con una coloración blanca de hierro fundido hasta el pie de la vertiente y va a morder con un festoneado de olas el acantilado opuesto, cubierto de bosques oscuros, que cierra Orsenna, como un muro, por aquella parte. Traspuesta la cumbre de la colina, que la aísla de los ruidos familiares de la ciudad, refluye, a mediodía, hacia el estrecho valle, el olor de los narcisos y los jacintos como un vértigo arremolinado, semejante al ataque contra el oído de una nota demasiado aguda, que ahonda, sin embargo, antes de colmarla acto seguido, la sed de otra más aguda y más desgarradora aún. En los últimos escalones de mármol, mordidos por aquella masa de flores como una escalera que se hunde en el mar, las hojas de un chopo forman esa sombra viva tan parecida al reflejo de un agua agitada en una pared y el silencio brusco, al salir del estrépito de la calle, es como el de un lugar encantado, como esos cementerios abandonados en los que la inmovilidad ingrávida y sosegada da al zumbido de una sola abeja una plenitud de órgano y algo como el peso grave de una vibración.
(…)
Salió la luna sobre el mar absolutamente tranquilo, con una noche tan transparente, que, desde los cañaverales de la costa, se oía progresar de trecho en trecho el cacareo de alarma de las aves acuáticas, alertadas en los juncos por nuestra estela. La costa que seguíamos se erizaba como una muralla negra contra la luna con las lanzas inmóviles de sus cañas. Silencioso como un merodeador nocturno el casco achatado del Temible se deslizaba por entre aquellos pasos poco profundos con una seguridad que revelaba el ojo infalible de su capitán. Detrás de la orla oscura, las tierras desiertas de las Sirtes reflejaban hasta el infinito la majestad de un campo de estrellas. "



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