Una voz secretaÁngela Mazzini

Una voz secreta

"Oigo una voz, de célica armonía,
que surge a no dudar sólo del cielo;
dulce voz que escuché... no sé qué día,
voz soberana de sin par consuelo.

Su melódico acento escucho ansiosa,
y escucharlo de nuevo siempre aclamo,
pues viene de continuo misteriosa,
murmurando en mi oído: «¡Yo te amo!»

Miro en torno de mí: nada se agita;
el corazón palpita y se estremece,
mas siempre aquella voz bendita
«Te amo, te amo», y mi ilusión acrece.

Tanto placer la realidad no alcanza;
que si el alma esa voz ávida escucha,
verá desvanecida su esperanza
con los sentidos en perpetua lucha.

Yo quiero sin cesar, continuamente,
gozar de esa ilusión hasta el extremo;
¡qué importa si juzgándome demente
es esa dulce voz mi bien supremo!

¡Ven, de mi soledad bálsamo puro;
ven, lenitivo a mi dolor insano!
Más que la realidad goce seguro,
promesa fiel de Genio sobrehumano.

Tú eres mi único bien; en el tumulto,
donde la falsedad tiene su asiento,
en el bosque, en el templo, te consulto,
y... «te amo» responde el misterioso acento.

Yo hallé la realidad infiel, perjura:
el juramento de su amor mezquino;
por eso mi ilusión es mi ventura
y escuchar esa voz es mi destino.

¡Quién sabe! Si en continua discordancia
el alma y los sentidos se hacen guerra.
¡Cómo hallar en amor esa constancia
que el ser inmaterial busca en la tierra!

¡Apartad, fementidas! Los halagos
que vuestra lengua sin cesar ofrece,
sumergen al espíritu en estragos
que vuestra aleve fatuidad merece.

La gloria, la ambición y la riqueza
son para el vulgo noble distintivo;
de otras aspiraciones, con largueza
quiere verse saciar el pecho activo.

¡Atroz calumnia! Con diversa forma
el espontáneo afecto al fin falseas;
mi sentir a esa ley no se conforma.
¡Voz secreta de amor, bendita seas! "



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