Mademoiselle Fifi (fragmento)Guy de Maupassant

Mademoiselle Fifi (fragmento)

"La lluvia caía en oleadas, una lluvia normanda que se diría que era lanzada por una mano furiosa, una lluvia al sesgo, espesa como una cortina, formando una suerte de muro de rayas oblicuas, una lluvia punzante, mojadora, ahogándolo todo, una verdadera lluvia de los alrededores de Rouen, esa bacinica de Francia.
El oficial miró largo tiempo el césped inundado, y, al fondo, el Andelle crecido que desbordaba; y tamborileaba contra el vidrio un vals del Rhin, cuando un ruido le hizo volverse; era su segundo, el barón de Kelweingstein, que tenía el grado equivalente de capitán.
El comandante era un gigante, de anchas espaldas, guarnecido de una larga barba en abanico formando un mantel sobre su pecho; y todo su continente solemne evocaba la idea de un pavo militar, un pavo que tuviera su cola desplegada en su mentón. Tenía ojos azules, fríos y gentiles, una mejilla cortada por un golpe de sable en la guerra de Austria; se decía que era un buen hombre y un valiente oficial.
El capitán pequeño, de cara roja, con un vientre abultado fajado con fuerza, llevaba casi afeitada su barba rojiza, cuyos hilos de fuego harían creer, cuando se encontraba bajo ciertos reflejos, que su cara estaba frotada con fósforo. Dos dientes perdidos en una noche de farra, sin que se recordara cómo, hacían que escupiera unas palabras pringosas que no siempre se entendían; era calvo en la coronilla del cráneo solamente, tonsurado como un monje, con un vellón de pelitos, dorados y brillantes, alrededor de ese círculo de carne desnuda. "



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