The dry salvages, de Cuatro cuartetosT. S. Eliot

The dry salvages, de Cuatro cuartetos

"No sé mucho sobre dioses, pero pienso que el río
Es un fuerte dios pardo: arisco, indomado, intratable,
Paciente hasta cierto punto, aceptado al principio como frontera;
Util, poco digno de confianza como portador de comercio;
Después, nada más que un problema planteado al constructor
de puentes.
Ya resuelto el problema, el dios pardo está casi olvidado
Por los pobladores de las ciudades; pero siempre es implacable,
Puntual con sus estaciones y sus furias, destructor, recordativo
De lo que los hombres optan por olvidar. Sin ofrendas, sin ser
propiciado
Por los adoradores de la máquina, pero a la espera, observando
y a la espera.
Su ritmo estuvo presente en el dormitorio de los niños,
En el lozano ailanto del patio en abril,
En el aroma de uvas de la mesa otoñal
Y en el círculo nocturno de la invernal luz de gas.
El río está adentro nuestro, el mar nos rodea por todas partes;
El mar es el borde de la tierra también, el granito
Hasta el que llega, las playas donde lanza
Sus muestras de otra creación más primitiva
La estrella de mar, el límulo, el espinazo de ballena;
Las piletas donde brinda a nuestra curiosidad
Las algas más delicadas y la anémona marina.
Lanza al aire nuestras pérdidas, la red desgarrada,
Pedazos de olla para langosta, el remo roto
Y los equipos de extranjeros muertos. El mar tiene muchas voces,
Muchos dioses y muchas voces.
Hay sal en la rosa silvestre
La niebla está en los abetos.
El aullido del mar
Y el gañido del mar son voces diferentes
Que a menudo se escuchan juntas: los gemidos en el cordaje,
La amenaza y caricia de ola que rompe contra el agua,
La distante repetición en los dientes de granito,
Y el llanto que avisa desde el promontorio ya próximo
Son todas voces del mar, así como el quejoso que vira
Rumbo a casa y la gaviota;
Y bajo la opresión de la silenciosa bruma
La campana que tañe
Mide tiempo no nuestro tiempo, tocada por la marejada
Sin prisa, un tiempo
Más viejo que el tiempo de los cronómetros, más viejo
Que el tiempo contado por mujeres preocupadas hasta la an-
gustia
Que se quedan despiertas, calculando el futuro,
Tratando de destejer, desenredar, desembrollar
Y reunir el pasado y el futuro,
Entre la medianoche y el alba, cuando el pasado es todo engaño,
El futuro sin futuro, antes de la guardia matutina
Cuando el tiempo se para y el tiempo no termina nunca;
Y la marejada, que está y estuvo desde el comienzo,
Tañe
La campana. "



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