Los meteoros (fragmento)Michel Tournier

Los meteoros (fragmento)

"Ya sólo soy un grito, un dolor. Estoy en una burbuja, más o menos inflada. Soy esa burbuja. Unas veces su membrana flácida, desinflada, se pega a mi cuerpo, coincide con mi piel, otras rebosa, envuelve el lecho, invade la habitación. Mis heridas son dos jardines japoneses, y en esta tierra roja, tumefacta, llena de costras negras, cubierta de charcos de pus donde el hueso cortado emerge como una roca, sobre este terreno leproso, labrado, pelado, me corresponde modelar una minúscula réplica del cielo y de la tierra..., que me dará la llave del universo. Vislumbro el nacimiento de un cuerpo barométrico, pluviométrico, anemométrico, higrométrico.

Un cuerpo poroso donde vendrá a respirar la rosa de los vientos. No el desecho orgánico que se pudre sobre un camastro, sino el testigo vivo y nervioso de los meteoros. Así, de la caverna roja y tumefacta de mis muñones salen frágiles y tímidos órganos para realizar incursiones exploratorias que todavía no sobrepasan los límites de mis vendajes. Y es que desde hace dos horas, mi pierna izquierda -la amputada, la invisible-, saliéndose del vendaje, de las sábanas de la cama, colgaba sobre el suelo de la habitación. Mi pierna invadía el cuarto, mi brazo izquierdo se había replegado por completo en su vendaje, y mi mano, si bien no había desaparecido, era bajo la gasa sólo un capullo de narciso de las nieves. Pero mi mano izquierda estaba allí, ella también, espontáneamente se había adelantado al extremo de un brazo de diez a once metros de largo para acudir a una cita con mi mirada sobre un pequeño champignon blancuzco.

Al descubrir este pequeño secreto de la naturaleza, he sentido en todo mi largo brazo izquierdo innumerables roces de alas felposas y plateadas aleteando en cada poro. Dotado de ubicuidad, el criptófono desparejado oye la voz de las cosas, y también la voz de sus propios humores. Lo sé desde que el cielo se ha convertido en mi cerebro. El cielo es un todo orgánico con su vida propia, en relación directa con la tierra y las aguas. Este gran cuerpo desarrolla libremente y en virtud de una lógica interior nieblas, nieves, escarchas, canículas y auroras boreales. Mi cuerpo es también un todo orgánico desmembrado, en adelante soy una bandera ondeando al viento, y si su borde derecho está prisionero en la madera del asta, el izquierdo está libre y vibra, flota y se estremece con toda su estameña entre la vehemencia de los meteoros. "



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