La sombra del ciprés es alargada (fragmento)Miguel Delibes
La sombra del ciprés es alargada (fragmento)
" Se iniciaba ya el otoño. Los árboles de la cuidad comenzaban a acusar la ofensiva
de la estación. Por las calles había hojas amarillas que el viento, a ratos, levantaba del
suelo haciéndolas girar en confusos remolinos. Hicimos el camino en la última carretela
descubierta que quedaba en la ciudad. Tengo impresos en m cerebro los menores
detalles de aquella mi primera experiencia viajera. Los cascos caballos martilleaban las
piedras de la calzada rítmicamente, en tanto las ruedas, rígidas y sin ballestas, hacían
saltar y crujir el coche con gran desesperación de mi tío y extraordinario regocijo por
mi parte.
Ignoro las calles que recorrimos hasta llegar a la placita silente donde habitaba don
Mateo. Era una plaza rectangular con una meseta en el centro, a la que se llegaba
merced al auxilio de tres escalones de piedra. En la meseta crecían unos árboles
gigantescos que Cobijaban bajo sí una fuente de agua cristalina, llena de rumores y
ecos extraños.
Del otro lado de la plaza, cerraba sus confines una mansión añosa e imponente,
donde un extraño relieve, protegido en una hornacina, hablaba de hombres y tiempos
remotos; hombres y tiempos idos, pero cuya historia perduraba amarrada a aquellas
piedras milenarias. "
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