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Atrapado por los turcos (fragmento) "Al levantarnos, se alzó tras nosotros un sol redondo y alegre, cuyos rayos iluminaron nuestra estela, danzando en mis ojos al mirar hacia atrás a través de la hélice, e iluminando el suelo de celuloide de la góndola como para ayudarme a ver mis herramientas. Ese amanecer estaba lleno de júbilo y esperanza; me dieron ganas de bailar. Y canté de pura euforia, una especie de canto del cisne, como lo veo ahora, antes del cautiverio. El desierto ya no parecía árido. Transmutados por el amanecer, esos kilómetros y kilómetros de nada en absoluto se convirtieron en un infinito. La extensión de todos los reinos del mundo crecía ante nuestros ojos. Al este, el Tigris culebreaba como una serpiente entre la arena; al oeste, un grupo de casas y palmeras datileras, con el destello ocasional de las cúpulas doradas de Kazimain, se extendía la ciudad de las Mil y Una Noches, donde reinó Harún al Raschid, y donde ahora hay esperanza de que su espíritu vuelva a reinar. Bagdad se acurrucaba entre sus palmeras datileras, con pequeños jirones de nubes aun envolviéndola, inconsciente de la gran demostración que daría antes del mediodía a dos aviadores desamparados y cautivos. Al norte se extendía el Gran Desierto con un atisbo de colinas violetas en el horizonte lejano. Al sur también se extendía el Gran Desierto, sin ningún rasgo en su cara amarilla, salvo la cicatriz de algún corte de riego hecho en el crepúsculo de la historia. " epdlp.com |