Piedra y Dolor (fragmento)Karel Schulz
Piedra y Dolor (fragmento)

"Ya era abril, el terrible calor no remitía, a pesar de las oraciones diarias en todos los altares. La gente caía en las calles por la insolación. El calor había calentado Roma al rojo vivo. Los furúnculos les roían el cuerpo. La gente se arrastraba por las murallas, luchando por agua, peleándose entre sí por la sombra. Sus ojos inflamados supuraban por el polvo, con ojeras azules y rojas danzando constantemente en sus ojos, volviéndolos locos. Los pulmones no querían dejar entrar el fuego, la sangre se asfixiaba. Al cardenal Gabriele se le había roto el corazón por el calor, y cayó en los escalones del altar mientras rezaba por la lluvia. Y ahora su lugar estaba vacío.
Se sentaron en silencio, tras finalizar su conferencia y esperar la palabra papal. Julio II, radiante de alegría y deleite, dudó en dejarlos ir, repasando mentalmente todo lo decidido allí. Dos grandes logros ya estaban cerca, tan cerca que solo tenía que extender su vigorosa mano y apretarla con fuerza. Dos grandes logros de su sueño y de su vida: la construcción de la catedral y una nueva guerra. En pocos días, se colocaría solemnemente la primera piedra de la Basílica de San Pedro, según el ceremonial elaborado con precisión, según el plan de Bramante. Y poco después de esta celebración, movilizaría su ejército contra Perugia, sin preocuparse por el calor ni las terribles penurias de la campaña. Porque había dado la orden, descuidando esta vez su habitual e innecesaria indulgencia con las debilidades y la inestabilidad humana. El primer golpe: Perugia; el segundo, Bolonia. La propia Venecia caería, y entonces... El anciano se retuerce las manos. Le brillan los ojos, le tiemblan las cejas pobladas. Sus labios están apretados, siguiendo un pensamiento que ya no divaga. La caída de Venecia será uno de los golpes más duros para la defensa francesa, que flaqueará y caerá, ya sacudida por la embestida de los españoles."



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