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Un domingo en Marilan "Me llamaste despacio ansioso, tierno ¿me tienes miedo ahora que soy nada? quiero despedirme este domingo. Fue el último nuestro, raramente solos. Te sentí a lo largo de mi cuerpo. Fue un abrazo terrible, triste, lúcido de sombrías urgencias y desesperado. Los dos en aquel lecho sabiendo que era el fin de los siniestros perros que aúllan a la luna de la muerte entraban en jauría a la alcoba en una invisible ronda inacabable Fue el último domingo de tu vida y mi vida En la alta ventana, la tarde caía en un ocaso de signos cabalísticos." epdlp.com |