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La civilización judeocristiana (fragmento) "La historia acabó volviendo por sus fueros para poner en tela de juicio lo que parecía evidente. El nazismo y el genocidio judío —que perpetró con la complicidad o la indiferencia de la mayor parte de los países europeos— contribuyeron no poco a ello. Hasta ese monstruoso paroxismo de odio al judío, el antisemitismo no escandalizaba más que a una minoría de europeos que, mayoritariamente, se habían educado en un ambiente cultural antijudío. Europa, y esa prolongación de Europa que es Estados Unidos, tardaron mucho en reconocer el carácter específico del genocidio judío entre los demás crímenes nazis. Peor aún, al acabar la guerra hubo brotes antisemitas en varios países del continente europeo, como Polonia, la Unión Soviética y Checoslovaquia. Y en esa Europa occidental que se consideraba democrática, los que denunciaban los horrores del nazismo no daban especial importancia al destino que este había reservado a los judíos. A aquellos que volvían del infierno se les reservaba una categoría general e indiferenciada, la de deportados. Los supervivientes judíos tampoco insistían en su condición de judíos, sabedores de que no eran tiempos propicios para insistir en el carácter singular de la persecución que habían sufrido. En Francia, por ejemplo, hubo muchas formas de discriminación que perduraron incluso años después de que acabara la guerra. Si queremos poner una fecha más o menos precisa al momento en que empieza a reconocerse la particularidad del genocidio judío y, por tanto, a la asunción, por parte de los europeos, de una culpa o, al menos, una responsabilidad colectiva, debemos remontarnos hasta 1962, año en que se cumplió la sentencia del juicio de Adolf Eichmann. A partir de aquel instante, el genocidio judío, que de pronto todo el mundo empezó a llamar Shoah, por la película homónima de Claude Lanzmann de 1985, acabó ocupando un lugar central en la memoria colectiva occidental y en su discurso público. Esta omnipresencia, que siguió al silencio previo, explica el hecho de que Occidente haya sustituido el antisemitismo por una judeofilia oficial que dicta parte de la política de sus dirigentes y que, como veremos más adelante, parece un inquietante reflejo de aquel." epdlp.com |