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La semana que viene, tal vez (fragmento) "Entonces, cuando estaba espiando al ambulante desde detrás de los vidrios del hotel de La Couronne, tenía toda la vida por delante. Miraba a aquel querubín de aire astuto y bucles desordenados, tal como deben ser los artistas. Él movía el pincel sobre la tela y poco a poco aparecían los rasgos de monsieur le maire en pose. Colgado el sombrero de copa del perchero, se mantenía tieso con el cuello de moño, las manos sobre el bastón de paseo; y dentro de aquellas formas que iban delineándose sobre la tela me parecía que se reflejaban también la esposa con la sombrilla y el caballo blanco. No estaban, en el retrato, la esposa y el caballo. Pero yo los veía, porque desde pequeño siempre tuve ojos visionarios. Allí la cara del alcalde, más noble que la verdadera, sin arrugas, aquí la nariz, garbosa bajo el pincel, aquí la corbata, la cadena del reloj sobre el chaleco, el relincho del caballo... Grandeza natural. Por veinte francos uno se vuelve inmortal y bello, como san Jorge. Como Guillermo Tell nuestro héroe, a quien aquel día los republicanos festejaban por las calles al son de la fanfarria. A decir verdad, estoy acostumbrado a ver cosas que no existen. ¿Hay belleza en aquel mendigo de la esquina de rua do Chiado? ¿En el cáncer que le devora el rostro? ¿En la caverna abierta en mis pulmones? Sin embargo, cuando camino, a cada paso entra en mí la belleza, como si el polvo de los días dejara tras de sí un polvillo luminoso. Por la calle, en cada gesto de mujer veo la naturalidad que enciende el deseo, la vista de los transeúntes me alegra. En medio del gris se enciende una vela que dice: –Podrías ser feliz... No sé si es un gran pintor, aquel Cherubino Patà. Pero entonces me parecía el mago creador en persona. Cuando se fue el alcalde, Cherubino me pidió que fuera a buscarle tabaco y me dio una moneda. Me miró con ojos astutos bajo los bucles. Tenía buen humor, tenía ganas de hablar." epdlp.com |