La mano izquierda de Dios (fragmento) William E. Barrett
La mano izquierda de Dios (fragmento)

"Estaba descontento, tratando de escapar. Su sueldo era jugado a los dados con Mieh Yang y perdía o ganaba el doble. Y ahora habían herido de muerte a un misionero americano. Jim Carmody revisó su maletín. Era el sacerdote Peter O`Shea. El, que ya no pensaba en la religión, estaba ante la suma de latín, griego, filosofía, teología y apologética. Un sacerdote chino le dio la pauta para escapar al decirle que las oraciones son escuchadas. El sacerdote budista aseveró que esa muerte fue por alguna finalidad. El severo trato dado a los asesinos del sacerdote hizo de salvoconducto para dar paso a este otro sacerdote que llegó a la misión católica en algunos días, con el nombre de Peter O`Shea: ya no como un desertor del ejército chino. Indeciso, por un instante lamentó el disfrazarse con la ropa talar del Padre Peter, pero al ver los rostros fijos en él debió decidir entre su liberación de esas montañas o revelar que su sacerdote estaba muerto. A pesar del cansancio, después de una taza de té, le pidieron que se acercara a un moribundo que esperaba ya que le administraran los últimos sacramentos. Ya no podría explicar nada. Al ponerse la estola vio los ojos del moribundo iluminarse. De sus días de monaguillo recitó frases en latín, sintiéndose despreciable ya que los últimos sacramentos no los sabía. Recordando el rosario lo sacó de su bolsillo recitando mecánicamente. Al día siguiente se enteró de que lo esperaban cuarenta y dos matrimonios, treinta y dos bautizos, enfermos graves en el hospital y muchos para la confesión. No supo cuándo dejó de ser Jim Carmody en medio de la oscuridad del confesionario reemplazando al que perdió la vida por ese trabajo urgente."


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