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Salvador Dalí visto por su hermana (fragmento) "Fue en el verano de 1929. Sólo aquel verano fue preciso para operar en Salvador el cambio que le alejó de sus amigos, de nosotros y hasta de sí mismo. El río de su vida, tan bien encauzado, se desvió, bajo la presión de aquellos seres complicados, que del clásico paisaje de Cadaqués nada podían comprender. La mica de las rocas de Tudela, el brillo del sol sobre el mar, la plata en las hojas de los olivos, todo temblaba de temor cuando aquellos extraños personajes, sin advertir el caudal de ternura de las luces, las miraban con sus ojos enrojecidos. Su afán por destruir las bases que forman la moral y la bondad en los seres humanos era tan fanático, que su indignación llegaba al límite cuando, por un instante, entreveían un mundo bueno y puro que se oponía al suyo. Parecía imposible que mi hermano se dejara arrastrar por ellos, mas así Fue; y, con aquella pasión que caracteriza siempre sus impulsos e ideas, a aquello se aferró como si en ello hubiese de hallar la solución a todas sus inquietudes. Pero no sólo no fue así, sino que perdió la paz de su espíritu y aquel bienestar que hasta entonces habían reflejado sus obras. Los cuadros que pintaba eran horriblemente alucinantes. Esculpía sobre las telas verdaderas pesadillas y eran una tortura aquellas figuras inquietantes, que parecían querer explicar cosas inexplicables, esas cosas que, como en los sueños, parecen entenderse mientras se las ve, pero que luego dejan sólo el recuerdo de una alucinación. «Le jeu lugubre» es la más viva representación de los cuadros de esa época y el que mejor señala el cambio operado en su espíritu. Mi hermano tuvo siempre un carácter vehemente y encontró a estos amigos suyos muy inteligentes. Lo eran tal vez, pero otro menos apasionado que él hubiese podido ver en el acto cómo su inteligencia era perversa y destructiva, y, aun cuando se llevaron a mi hermano con ellos a París, nada pudieron contra nuestro Cadaqués, que continuó sereno, tranquilo, lleno de belleza, en el ritmo acompasado del sol y de la luna, pasando suavemente de la oscuridad a la luz. Mas el tiempo iba acercándose a una nueva tragedia. Veíamos como Salvador vivía sugestionado por aquellos seres amorales y comprendimos que aquello no podía acabar bien." epdlp.com |