Der Garten der Erkenntnis (fragmento)Leopold von Andrian
Der Garten der Erkenntnis (fragmento)

"Un príncipe cuyos dominios limitaban con Alemania se casó con una hermosa mujer cuando tenía unos veinte años. Él era muy diferente a ella, pero ella amaba esa diferencia como un misterio seductor y prometedor, que creía que algún día se revelaría maravillosamente. En el segundo año de su matrimonio, ella le dio un hijo, que creció pareciéndose a su madre. En los años siguientes, la ilusión por su amor se fue desvaneciendo, pues la diferencia entre ellos seguía siendo igual de grande. Diez años después, el príncipe enfermó. En sus últimos días, cuando la pulsera le quedaba demasiado grande en la muñeca y los anillos demasiado grandes en los dedos, y su rostro cambiaba semana tras semana, ella sentía por él el mismo amor inquieto, solo que sin la esperanza de antes, porque sabía que iba a morir. Cuando él murió, ella creyó que solo su muerte le había arrebatado la revelación del secreto, y lo lloró. Pero Erwin tenía sus manos y su voz; y el sonido de esa voz, extrañamente, la confundió y atenuó la magnitud de su dolor. Así fue como lo envió al internado.
[...]
En aquel entonces (cuando cumplía doce años), Erwin se sentía más solo y autosuficiente que nunca; su cuerpo y su alma vivían una vida casi dual, misteriosamente entrelazada; las cosas del mundo exterior tenían para él el valor que tienen en los sueños; eran palabras de un idioma que casualmente era el suyo, pero solo a través de su voluntad adquirían significado, posición y color. Pero en el internado, pasaba todo el día con treinta compañeros, cada uno de los cuales podía exigir su atención e inmiscuirse en su vida. Sin embargo, seguían siendo ajenos a su alma, y por eso sus intervenciones le parecían de una arbitrariedad insoportable; aun así, los temía como a insidiosos adversarios. Sin embargo, se dio cuenta de que su vida estaba en sus manos y comenzó a reflexionar sobre lo único que creía entender de ellos: sus palabras. Les concedió demasiada importancia, y lo confundieron por completo; pues cambiaban de forma fácilmente al hablar; y sus nuevos compañeros eran igual de inconsistentes en sus ideas e incomprensibles para él. Pero tampoco comprendía su vida, que dependía de ellos; incluso sus alegrías llegaban de forma inesperada y sin motivo aparente: las visitas de su madre, sus cartas o las imágenes religiosas que desprendían el aroma de su encaje; sin razón alguna, en una existencia cuya ley ya no emanaba de él, estaba todo lo que su alma aportaba: a veces un júbilo en la colina donde se deslizaba en trineo entre la nieve blanca infinita y el azul infinito del cielo, o su tristeza en las tardes de verano."



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