Esclavos en la Europa del siglo XX (1914-1945)Michael Seidman
Esclavos en la Europa del siglo XX (1914-1945)

"La esclavitud podía degenerar fácilmente en genocidio, pero también se podía sobrevivir al genocidio sometiéndose a la esclavitud. En ocasiones, las prioridades locales frenaban las letales intenciones de las autoridades nacionales. Diez mil armenios que servían como mano de obra en las industrias de guerra otomanas en la provincia de Alepo —considerada como «el torniquete de entrada al genocidio»— fueron indultados de lo que habría sido su condena a una muerte segura. A veces, a algunos varones adultos que poseían competencias requeridas por la comunidad se les ofrecía la posibilidad de convertirse, pero esta opción se dio con menos frecuencia que en el caso de las mujeres y los niños, que no eran considerados como una amenaza tan grande como los varones. Las aptitudes profesionales salvaron posiblemente a algunos hombres del exterminio, pero, a cambio, tuvieron que realizar una labor esclava y, en muchos casos, no remunerada81. Los otomanos pusieron en práctica un principio teológico islámico ciertamente aplicable a la situación característica del periodo de las guerras mundiales que venía a decir que, «en última instancia, la esclavitud no es más que el sustituto de una muerte real».
La armenia no fue la única minoría cristiana considerada traidora que corrió esa suerte. Los desertores griegos otomanos fueron sometidos a tratos brutales y, con frecuencia, letales en los batallones de trabajo. Se estima que, durante la Gran Guerra, los otomanos deportaron a medio millón de griegos, de los que decenas de miles perdieron la vida en el proceso. Pero los turcos se contuvieron más en esta otra limpieza étnica, ya que sabían que el Estado griego, que a menudo contó con respaldo efectivo de los Aliados, podía tomar represalias contra su propia minoría turca; además, la población griega vivía en zonas del Imperio estratégicamente menos vitales para este. En el periodo de posguerra de 1919-1924 siguieron produciéndose asesinatos, violaciones y secuestros de mujeres y hombres cristianos, aunque a menor escala. Durante esos años, en Asia Menor, los turcos desposeyeron a miles de hombres griegos de sus mujeres y sus propiedades, y luego los esclavizaron como mano de obra servil. Los griegos contraatacaron en su propio territorio sometiendo a su población civil musulmana a terribles atrocidades. Por grotesco y siniestro que parezca, estos episodios de violencia se produjeron tanto durante como después de la firma por parte de las potencias aliadas y los representantes austriacos del Tratado de Saint-Germain-en-Laye de 1919, con el fin de «garantizar la total supresión de la esclavitud en todas sus formas y del comercio terrestre y marítimo de esclavos». El trabajo forzado de los griegos en Turquía, que terminaron huyendo en masa de Anatolia, recordó a otras esclavizaciones de infieles anteriores. Como en el caso de los armenios, las labores humillantes sustitutivas del trabajo animal podían salvar momentáneamente a algunos griegos de la muerte, sobre todo si se convertían al islam y esa conversión era aceptada83.
Tras la Primera Guerra Mundial, los horrores del trabajo forzado impuesto durante la contienda cayeron prácticamente en el olvido, como también caería el genocidio armenio. A los verdugos oto­­manos no se les juzgó en ningún tribunal de justicia; tuvieron que ser asesinos armenios los que, por iniciativa propia, se dedicaran en esos años a liquidar a los organizadores más importantes de las masacres. Ya desde los primeros momentos de la posguerra, los muy populares ejemplos de heroísmo en las acciones bélicas relegaron a un segundísimo plano los recuerdos de la victimización, y muchas víctimas, incluidos los propios armenios supervivientes, evidenciaron un fuerte deseo de evitar el tema y pasar página."



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