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El yo y sus adherencias "Ha existido siempre un mundo habitado por arañas y otro mundo muy distinto que permite volar a los insectos. Pero hay también otro mundo donde ambos coexisten: en la tela de araña los dos mundos se funden y uno queda en el otro deglutido. Cajas con poemas no escritos… Bastaría que creyésemos lo que la araña nos cuenta, adherirnos a la idea que hace del yo un ser obeso. La consistente herencia de lo estéril fecunda el triste erial del egocéntrico. El lenguaje entra en combate contra su propia trinchera. Wittgenstein se dio cuenta al final de su obra: «De lo que no puede hablarse, de lo que hay que callar»… Pero Heidegger nos dice: «La poesía es la instauración del ser con la palabra». ¡Qué difícil saber a qué atenerse! ¿El silencio debería ser la primera palabra? En el lenguaje ha nacido un nuevo y grave silencio que ya no se consigue interrumpir: «Cuando ya no nos queda nada, el vacío del no quedar podría ser al cabo inútil y perfecto». Si a esa nada le damos el tiempo necesario… Hay demasiados poetas y somos muy resistentes al mal que aqueja a Lord Chandos. Su enfermedad debería ser mucho más contagiosa. Pero desgraciadamente el silencio nunca exige ser la primera palabra. «¿Para qué sirve la muerte? ¿Para qué sirve el sabor del café? ¿Para qué sirve el universo? ¿Para qué sirvo yo?» ¿Quién me sabe responder? Sobre el silencio vuela una zozobra incapaz de abrazar la realidad. Y yo continúo trazando renglones entrecortados sobre un telar de palabras. Escribiendo para poder recordar otros futuros. Viviendo para olvidar. ¿Para qué sirvo yo?» Por fin la última palabra es el silencio." epdlp.com |