El señor Jeremias busca una ilusión (fragmento)Hagar Olsson
El señor Jeremias busca una ilusión (fragmento)

"Consiguió ponerse el abrigo con una facilidad tan extraña que nadie le pisó los pies, nadie lo empujó ni le cerró el paso; la multitud parecía apartarse ante él. La gente se agolpaba hacia la salida, los cuerpos se aplastaban unos contra otros, los hombros y los brazos se apretaban entre sí, pero nadie tocaba a Jeremias; la oleada humana se dividía en dos al avanzar él, como si un heraldo invisible hubiera ido delante de él. Alguien jadeaba en su nuca, alguien se sonaba la nariz junto a su oído, pero él avanzaba indemne, a mil leguas de allí. Rostros desconocidos irrumpían muy cerca del suyo; veía los poros de la piel, las barbas de varios días y las arrugas con tanta nitidez como si los contemplara a través de una lupa, pero, cosa extraña, no sentía la menor repugnancia. Les sonreía, y las arrugas, las barbas incipientes y los poros de la piel le devolvían la sonrisa. Los rostros se habían fundido unos con otros; cada músculo vibraba como presa de un secreto contenido, un destello de entendimiento pasaba de unos ojos a otros y acercaba, por un instante, a aquellas personas que ayer eran extrañas entre sí y mañana quizá serían los más encarnizados enemigos.
Las estrellas titilaban tan hermosamente afuera, en el frío.
Jeremias se detuvo en las escaleras y contempló a la gente que seguía saliendo. Despertó en él un sentimiento de confianza. Todo saldrá bien, todo se resolverá, pensó. Pero ¿qué era lo que debía resolverse? Eso Jeremias no lo sabía; pero sentía que, una vez más, todo era tan sencillo y claro como lo son todos los enigmas cuando se ha sabido resolverlos bien.
Los tranvías pasaban en distintas direcciones. Qué hermosas eran aquellas luces rojas, amarillas y azules en el crepúsculo invernal. Y la gente subía despreocupadamente a los tranvías, escogía la línea amarilla, roja o azul en su viaje hacia un futuro desconocido, un futuro al que nunca encontrarían en el punto de destino de la dirección que habían elegido, pero que allí saldría a su encuentro donde menos lo esperasen…
Al regresar a casa de semejantes excursiones, a Jeremias le resultaba difícil volver a familiarizarse con aquel mundo que debía ser el suyo. Miraba con asombro a aquel Jeremias que se sentaba ante el escritorio y se enfrascaba en el estudio de interminables catálogos y revistas de bibliófilos, que tomaba cuidadosamente notas en pequeños papeles ingeniosamente ordenados y proyectaba nuevos métodos de publicidad para poner en marcha.
¿Soy yo?"



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