Kaspar Lén, el vengador (fragmento)Karel Matej Capek-Chod
Kaspar Lén, el vengador (fragmento)

"Entró en el zaguán, ya completamente oscuro, abovedado y hundido, como un corredor que llevara a una madriguera. La escalera que allí desembocaba parecía más bien la salida de una cueva y, torcida, serpenteaba hacia alguna parte de lo alto. Los herrajes de sus botas militares repiqueteaban sobre el pavimento hueco y el eco, unas veces más claro, otras amortiguado, resonaba en el patio, encajonado entre cuatro paredes de igual altura.
Al llegar al armazón de una puerta baja, junto a un cobertizo de madera podrida, Lén giró y, siguiendo una inveterada costumbre, interrumpida tres años atrás, comenzó a subir las escaleras, que torcían de repente alrededor de un eje sin barandilla. Subía a tientas, seguro del camino, rozando con la mano la pared lisa, pulida por las manos de varias generaciones; pero al alcanzar el rellano, después de unos pocos pasos, se detuvo. Allí su mano no encontró el armario que aún permanecía en su memoria. Los dedos fueron directamente al borde de madera de una puerta, marcado en el muro por la presión de cien años, y Lén comprendió enseguida que algo no estaba en su sitio.
En otras circunstancias no lo habría hecho, pero esta vez llamó a la puerta. El eco sordo que respondió le dijo ya lo que había ocurrido. Y, cuando tomó el picaporte, la puerta se abrió, susurrando como siempre —como suelen susurrar las puertas de los lugares incurablemente húmedos—, pero desde el interior le llegó, sesgado, el único resplandor de una ventana. Parecía mirarlo con la mirada de una tristeza abandonada, melancólicamente elocuente, apenas visible en la oscuridad."



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