Encuentro con el Karma (fragmento)I Wayan Gobiah
Encuentro con el Karma (fragmento)

"La segunda vez que [se habló] de Pan Soedana, no pudo contenerse al escuchar aquellas palabras.
Todos sus pensamientos, ciertamente, estaban puestos en el cálculo de su vida. Sin embargo, cuando se vio profundamente afectado por sus propios pensamientos y por lo que había dicho, y puesto que él mismo se había humillado, sus pensamientos no pudieron evitar que inmediatamente se retirara, abatido y oprimido por el peso de su vida.
Esa era la causa de que buscara una salida: manteniendo firmemente sus pensamientos sobre su vida, quería alcanzar también aquello que ya había decidido.
Su error, al parecer, consistía en no seguir las costumbres establecidas: la conducta de quien comienza a formar un hogar debía comenzar también con la obligación de participar en la comunidad del banjar.
Así era la costumbre que se observaba allí, en su pueblo.
Deseando mantener en su corazón aquellos pensamientos, se enfrentó a su hijo, que le había hablado con cierta dureza. Entonces levantó la voz y habló.
[...]
Al amanecer, cuando empezaba a clarear el día, sus dos hijos se levantaron y encendieron las lámparas, mientras los dos preparaban la comida para sus padres. Así transcurrió la mañana con los dos niños pequeños.
Según me contaron, hacía aproximadamente un mes que ella estaba enferma y padecía aquella dolencia; por entonces apenas tenía veinticinco años.
Entonces ocurrió algo: al parecer, desde hacía tiempo había una luz encendida en Pedoengan. A Mèn Tirta le hacía mucha ilusión ir a la tienda, pues hacía mucho que no iba a vender. Su marido tampoco se olvidaba de acompañarla y de ayudarla en todo, pues ya conocía bien las costumbres de la gente de allí.
No quería que aquel hombre se marchara enfadado y tampoco quería que los dos fueran despreciados. Ya era de noche cuando la tienda estaba llena de gente.
Pan Soedana ya no podía continuar con aquello a causa de la enfermedad. Finalmente, sus dos hijos se quedaron allí y ayudaron a su madre.
No se habló más de Pan Soedana ni de lo sucedido en la tienda. La historia continúa con el final de aquella jornada. Las compras que habían hecho ya se habían terminado y, como ya era de noche, Pan Soedana todavía no había regresado para reunirse con ellos; seguía ocupado recogiendo y llevando los utensilios para marcharse.
Mèn Tirta, mientras tanto, miraba a su alrededor y estaba profundamente preocupada, pero no sabía qué hacer.
Finalmente, no tuvo más remedio que recoger ella misma todas sus cosas. Sus dos hijos la ayudaron a guardar todo lo que habían utilizado durante aquella jornada.
Cuando terminaron de recogerlo todo, ya era de noche. Mèn Tirta regresó a casa y esperó a su marido, pues sabía que algo había ocurrido con las ganancias que habían obtenido en la tienda."



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