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El relato del príncipe incomparable (fragmento) "Así, el Tathāgata, el Destructor del Enemigo, el Perfectamente Despierto, el Buda «Luz Radiante, Glorioso Rey de la Suprema Grandeza», adoptando la forma de Avalokiteśvara, el gran bodhisattva, señor del poder de las diez tierras, manifestó innumerables cuerpos para beneficio de los seres que habían de ser guiados y, en particular, apareció en el reino de las nieves, el Tíbet. Como se dice en el cuarto capítulo de El sueño de la Luz Dorada: «Así como son inconmensurables las aguas del océano, así como son innumerables los átomos de la tierra, así como las piedras del monte Meru son incomparables, así como los confines del espacio son ilimitados, así también son ilimitadas las cualidades del Buda: ningún ser puede conocerlas por completo. Aunque se las midiera y se reflexionara sobre ellas durante muchos eones, aun así no sería posible conocer la inmensidad de sus cualidades. Aunque fuera posible contar, durante un eón, cada gota de agua hasta la punta de un cabello, y contar también las piedras, las montañas y el océano, sería quizá posible determinar su número; pero las cualidades del Buda no pueden ser conocidas ni agotadas.» Y el Victorioso Mipham [Ma-pham] dice asimismo, en la segunda parte de El Continuo Sublime: «La extensión de las cualidades que se manifiestan en el Más Allá es inconcebible. Por eso, incluso los grandes sabios que han alcanzado poder y realización no pueden conocer por completo la naturaleza última de los seres espontáneamente surgidos.» Así pues, aunque las actividades y cualidades de los Budas y de quienes todo lo conocen trasciendan aquello que una persona ordinaria puede expresar, la manifestación de la liberación, tanto externa como interna y secreta, aparece ante los seres que han de ser guiados de acuerdo con sus capacidades. Y fue precisamente movido por esa compasión que el gran lama se ocupó de ellos. Los cuidó con el afecto con que se cuida a un niño pequeño; los instruyó y los educó con gran bondad. Aunque su propia formación y capacidad pudieran parecer modestas en comparación con la inmensidad de las enseñanzas recibidas, contemplaba con claridad lo que era necesario hacer y, desde lo más profundo de su ser, mantenía una intención pura: beneficiar al propio lama y, a través de él, a los seres. Así, incluso siendo capaz de entregar su propia vida por aquello que consideraba la intención del maestro, recibió las enseñanzas generales y particulares de los sūtras y los tantras. Y aunque no pudiera quedar completamente satisfecho con todo cuanto había aprendido, adquirió una comprensión firme de los puntos esenciales y una facilidad natural para penetrar en las enseñanzas. De este modo, apoyándose en las instrucciones y transmisiones recibidas del maestro —las enseñanzas transmitidas, los tesoros y las enseñanzas secretas—, llegó a convertirse en un instrumento para mostrar íntegramente la doctrina y para beneficiar a los seres." epdlp.com |