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Comedia con fantasmas (fragmento) "Cuando ya anochecía escogí un álamo y trepé por su tronco, resbaladizo como lomo de culebra, hasta la rama que me pareció más resistente, y me senté a horcajadas, con las piernas colgando, sujetándome, ahora con una mano, ahora con la otra, a una rama superior. Seguí con la mirada a los hombres que cargaban los vestidos. Bordearon la empalizada por la izquierda y llegaron hasta una especie de tienda de campaña muy grande, cuadrada, que estaba al lado de lo que sería el escenario, pero que yo no había visto antes porque la ocultaban los árboles. Una luz se encendió en su interior a poco de llegar ellos, una luz de petróleo o acetileno, temblorosa, y la tienda aquella, de color hueso, se llenó de una preciosa claridad anaranjada, en la que se agitaban, como en una linterna mágica, siluetas negras que parecían de cartón. Era allí, sin duda, donde los cómicos habían improvisado sus camerinos, su cuartel general. Después se hizo de noche, y todo el mundo se sentó en las sillas de tijera, y sonó tres veces un cornetín, y luego una música de flauta, muy fina, como una pequeña serpiente, y comenzaron a encenderse los focos, uno para el rey, y un redoble de tambor, otro para la reina, y más redobles… Un tambor para las escenas majestuosas y los momentos de amenaza, y la flauta para las escenas cómicas, y un violín para las escenas de amor… No les hacía falta más… Había un rey y una reina, y dos parejas de enamorados se perdían en el bosque, y en el bosque vivía otra reina, la reina de las hadas… y un duende vestido de verde, que dejaba caer polvos mágicos, fosforescentes, sobre las cabezas de los enamorados, dormidos, para que se enamorasen de quien no debían, por juego, y luego el duende convertía en asno a un tonto, y la reina de las hadas se enamoraba también de él… La función se llamaba El sueño de una noche de verano; yo nunca había oído hablar de ella. Y no entendía nada, o muy poco, pero no podía apartar mis ojos de todo aquello… de los vestidos maravillosos, de las luces sorprendentes… los enamorados persiguiéndose entre los álamos, con la música de violín enredándose en sus pies como una cinta… la reina de las hadas acariciando al tonto de la cabeza de asno, cantándole una nana… No entendía demasiado lo que decían, porque hablaban mucho y muy rápido, pero las palabras eran muy bonitas, y las decían muy bien, con voces limpias, sonoras… así debían de hablar, pensé, los reyes de verdad… Y el duende era tan gracioso… El duende corría, saltaba; la gente se mondaba de risa con él, cada vez que aparecía… Tenía dos ayudantes, cubiertos de hojas, como árboles vivos, que daban saltos mortales a sus órdenes, acrobacias inverosímiles… L>e repente, el duende alargó la mano, chasqueó los dedos, y hubo una explosión, y cuando desapareció la nube de humo él ya no estaba allí, había desaparecido… ¿dónde estaba?… Yo me abracé a la rama, me eché hacia delante, para ver mejor… volvió a sonar la flauta, serpenteando, burlona, y una luz le buscó, barriendo a ras de suelo y entre los árboles, colina arriba, mientras redoblaba el tambor, hasta encontrar al duende en lo alto de un álamo, como yo, abriendo los brazos, saludando, a lo lejos…" epdlp.com |