Un millón de muertos (fragmento)Josep María Gironella

Un millón de muertos (fragmento)

"A los andaluces les bastaba con su íntimo rencor –nadie más vilipendiado que los andaluces, nadie más mísero, más pisoteado por el destino y por la llamada madre España- y por supuesto, quienes buscaran en ellos la alegría se llevarían el mayor chasco, al igual que quienes buscaran en ellos la tragedia. Los andaluces estaban tristes, eso era todo. Eran fatalistas y tristes, y esperaban su hora, que un día u otro llegaría, faltaría más. Los madrileños tenían los ojos desorbitados, como al salir de una corrida terminada antes de tiempo. Cuando se levantaban, no se sabía si iban a imprecar a alguien, a bailar el chotis, o a pegarse un tiro. Los valencianos, al agruparse, se hundían en una irremediable vulgaridad, lo mismo los hombres que las mujeres. En cuanto a los catalanes, tal vez fueran los más acobardados, los más deshechos… Miraban la arena y sobrevaloraban su propio dolor. Nostalgia. ¡Oh sí, Catalunya estaba allí mismo, al alcance de la mano, y parecía al otro confín de la tierra! Al atardecer, e incluso en el día, brotaban innumerables y escuálidas hogueras. Conseguir madera o leña constituía una odisea, pues el reglamento prohibía traspasar las alambradas. De noche era cuando los niños lloraban con más fuerza persuasiva y cuando los enfermos tosían más. También era de noche –marzo se acercaba- cuando los que en España tuvieron mando se sentían más ajenos, más extirpados de la realidad que imaginaron perenne. "


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