Historia de Dorilis y Cleonice (fragmento), de Poemas frisonesGysbert Japiks
Historia de Dorilis y Cleonice (fragmento), de Poemas frisones

"Siempre dejé ver la aversión que sentía hacia el amor, y la resistencia que llevaba dentro de mí, como si quisiera protegerme de ser vencido por el poder del amor. Pues todavía me hallaba entonces en aquella edad en que saboreaba una verde juventud y probaba las dulces delicias que una tranquila y sencilla felicidad proporciona en unos años tan plenamente dulces y agradables.
Me reía de los pequeños y vanos ataques de Cupido, imaginando que todo lo que el amor, con sus encantamientos, lograba hacer no era sino sombra y apariencia, y que, en realidad, la locura mundana de este mundo embrujaba nuestros espíritus y les robaba el juicio.
Pero desde entonces he experimentado —para mi desgracia— que el viejo y recto proverbio tenía razón al decir que uno puede quedar ciego por su propia pasión. Pues el amor hiere sin que uno lo vea venir, y las heridas que causa son tan dolorosamente sensibles que hasta la más pequeña fuerza basta para hacernos sus esclavos y entregarnos a toda clase de dolores imaginables en el mundo entero.
Dorilis, al ver que mi entendimiento estaba ya vencido por la desesperación, no supo hacer otra cosa que recurrir a la muerte como remedio y poner fin a su sufrimiento poniendo fin a su vida, pues el amor no le era favorable.
Pues tenía bastante razón para poder dirigirse a mí y confiarme todos sus pensamientos; y, sin embargo, el llanto de este desdichado amante habría hecho mi corazón más frío que el granizo y más duro que un peñasco que, con su escarpada cumbre rocosa, sobresale en medio de las turbulentas olas del mar embravecido, sin conmoverse lo más mínimo."



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