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Viviendo la revolución del 36 (fragmento) "En el cuarto año de la Primera Guerra Mundial, en el invierno de 1917, el cansancio de la guerra se hacía sentir en todos los países. Las primeras noticias, todavía imprecisas, sobre una revolución en Rusia daban fe de ello. También en Suiza las condiciones de vida de la población eran extremadamente precarias, y lo eran sobre todo para la clase trabajadora. El racionamiento de los alimentos —ya de por sí miserables— no establecía un reparto justo; quien tenía dinero podía comprar en el floreciente mercado negro cuanto se le antojara. Los salarios perdían continuamente su valor a causa del encarecimiento de la vida y no conseguían mantenerse a la altura de la subida de los precios. En numerosas manifestaciones contra la carestía, en huelgas contra las pésimas condiciones de trabajo y los salarios insuficientes, la clase obrera daba rienda suelta a su descontento. Mientras en las familias proletarias la carne no llegaba nunca a la mesa, o como mucho los domingos, y ni siquiera las patatas estaban siempre al alcance, los panaderos suministraban un pan gris y difícil de comer, mientras ciertos sectores podían permitírselo todo. Estraperlistas, especuladores y usureros se enriquecían a manos llenas, y toda una clase de nuevos ricos exhibía sin pudor la fortuna que acababa de adquirir. A finales de 1917, el Consejo Federal suizo decidió introducir el servicio civil obligatorio. Las personas de entre catorce y sesenta años podían ser destinadas por la fuerza al servicio civil, principalmente a trabajos de mejora y acondicionamiento de tierras. La clase trabajadora se opuso a la medida; en Zúrich se produjeron huelgas y disturbios. El Gobierno de Berna decretó la movilización de tropas que, al no existir ninguna amenaza exterior, solo podía estar dirigida contra el «enemigo interno». Los sindicatos y el Partido Socialdemócrata protestaron contra estas medidas y se reunieron en Olten en una conferencia para deliberar sobre los medios de lucha más eficaces." epdlp.com |