Calletania (fragmento)Israel Centeno
Calletania (fragmento)

"Lo ayudó a pararse y se fueron. Daniel no los siguió. Se quedó pensando en Ricardo. Era, a pesar de todo, a quien necesitaba. Él conoce hasta dónde llega el pantano, puede internarse en la ciénaga sin ensuciarse la cabeza. Era buen jugador, iría hasta el final del partido. ¿Por qué estaba tan seguro? Con Ricardo nunca se sabe, siempre da sorpresas gratas, tiene los sentidos embotados, pero el corazón se le desborda.
La calle quedó murmurante como un río. Desde las ventanas se escuchaban los comentarios, quejidos apagados, risas. Cerraron a pulso, con un golpe seco, la puerta de la casa de regiones inhóspitas. Las muchachas, a oscuras, volvían a sus camas, se quejaban por el sueño interrumpido, irían cansadas a trabajar en el banco. Tania, envuelta en su bata de paño azul, pasó al lado de un tío. Sintió que le apretaban la cintura. Unas manos gruesas se ceñían a ella y subieron presionarle los senos. Tania le dio un pisotón.
[...]
Tania le sonrió. Buscó darle la espalda. Su vida estaba encajonada. No existía salida digna. ¿Qué le sugería el Coronel al volver al barrio, al buscarla como mirando al suelo, al achicar sus ojos e intentar hablarle? Una posibilidad, la única. Aquella idea la excitaba, era una salida, un camino nuevo, abrasivo, fuera de aquella casa de distorsiones. Desde niña no escuchaba un solo cuento con
con final feliz. De cualquier manera, sus primas se iban convirtiendo en violadas de escaleras, de lavandero, en concubinas por la imposición torcida de hombres detestables, de manos ásperas como patas de perro."



El Poder de la Palabra
epdlp.com