Europa después de la lluvia (fragmento)Alan Burns
Europa después de la lluvia (fragmento)

"Regresamos por el puente. El río pasaba junto a la ciudad de sureste a noroeste. Rodeamos dos lados de una plaza abierta. Las puertas del coche no cerraban bien. El conductor exigió que le pagaran. Me negué.
Le compré un cinturón para su cumpleaños: una ancha banda de color amarillo limón. Ella dijo:
—Hoy es un día, nada más. No noto ninguna diferencia con los demás días. Visitamos a los ciegos. Las enfermeras dieron su vida. No tengo tiempo. Tengo cosas que hacer. Pero ahora tengo que dormir.
Tuvimos conversaciones idénticas con altos funcionarios. Pregunté si teníamos alguna posibilidad de encontrar la dirección correcta. Se echaron a reír. Después ella dijo:
—Si los haces trabajar demasiado, se derrumban. Les pasa algo. Se bloquean.
Trabajaban a la luz de las velas. El cable eléctrico no había sido tendido de nuevo. No se toleraba la vacilación. Cada uno debía corregir sus errores. El grado de atención exigido era elevado. Les lanzaban preguntas y eliminaban las actitudes incorrectas.
La jefatura de policía había sido reparada. Las luces eléctricas funcionaban. Yo estaba al fondo de la oficina cuando ella entró. Explicó el motivo de su visita. No siempre era fácil entender lo que trataba de decir. Tendría que recibir clases. No tenía mapa. Intentó dibujar un mapa.
Durante años había llevado una vida anormal. Había sido sometida a un adiestramiento intensivo. Esto había reducido su capacidad de concentración. Había adquirido hábitos de pensamiento. Allí había una fuerza poderosa y desconocida. Su estructura había sido completamente destruida, entre sangre y fuego. La estructura de aquella muchacha era un factor nuevo y desconocido en la historia. Solo se conocería en el futuro. Sería algo completamente distinto de lo que sus maestros habían pretendido.
Me corté el pelo, me afeité; hice planchar mi traje, recogí ropa limpia de la lavandería. En mi puerta me esperaba un limpiabotas; me limpió los zapatos y, con su ayuda, compré algunos libros, cerraduras y cerrojos, una cesta de pan, un cubo de huevos, pasteles y flores. Puse los pasteles y las flores en su habitación.
Las floristerías estaban llenas de flores. A nadie se le permitía tener más de una habitación; pocos tenían más que un rincón de una habitación. Necesitaban unas cuantas flores y pasteles ricos, con capas de crema espesa; veinte tiendas vendían aquellos pasteles. Nunca los pasteles habían sido tan ricos ni tan abundantes; todas las mujeres que podían hacerlos los preparaban en casa y los vendían a las tiendas."



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