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La tortuga barbuda (fragmento) "El sultán rio hasta hacer balancear la barca. —Bien pensado —respondió—. Claro que al principio no me creí lo que me contaba un muchacho de circo que quizá no había hecho más que escuchar el rumor de boca de otro y ahora pretendía vendérmelo. No te preocupes, ya le había dado un par de bofetadas a Rama Sami por algunas de sus historias, bastante exageradas y sin pies ni cabeza. Mis hombres también le azotaron la espalda por otro asunto, aunque sin llegar a hacerle sangre. Quería poner a prueba su resistencia. Quería averiguar por qué me contaba todo aquello, hasta qué punto se creía sus propias palabras. Era un hombre de convicciones firmes. Ni siquiera se retractó de lo que había dicho sobre las dos ratas que se habían tragado cientos de hormigas. Tenía una resistencia extraordinaria. Empecé a tomarme en serio lo que decía. Entonces pensé: este cabrón debe de haber sido muy pobre, y haber llevado una vida tan miserable que estaba deseando escapar cuanto antes de la desgracia que le había caído encima. Lo levanté y le di una bofetada. Le pregunté cuántos años tenía y de dónde venía. Me respondió que no lo recordaba. Pero calculé que tendría unos dieciocho años. Cuando todavía era muy pequeño, unos piratas saquearon e incendiaron su aldea en Arakán, Bengala. Mataron a sus padres, y a él y a su hermana pequeña los vendieron en Siam. Quizá por lo obstinado que era, sus amos lo fueron revendiendo varias veces, hasta que un día cayó en manos de unos payasos que necesitaban decenas de esclavos para trabajar en el circo. Como puedes imaginar, habían elegido a la persona equivocada. En el campamento del circo, su tarea consistía en recoger las heces de los payasos y de algunos animales. Odiaba a uno de los monos más que a nada en el mundo. Cada vez que lo veía, el mono cagaba y luego le ordenaba a Rama Sami que recogiera su mierda. Hasta que un día le partió el cráneo al mono y huyó del campamento. Esa era su historia." epdlp.com |