El enigma de Otilia (fragmento)George Calinescu
El enigma de Otilia (fragmento)

"Si alguien hubiera abofeteado al viejo Costache, no lo habría sacudido más que aquella banal carta anónima. Se puso amarillo y la frente se le cubrió de sudor frío. Comenzó a deambular desconcertado por la habitación, mascullando palabras ininteligibles. Arrojó la carta, volvió a recogerla y la leyó otra vez, dándole vueltas por todos lados. Hizo ademán de salir de la habitación, pero regresó enseguida y comenzó a contraer el rostro, como alguien atormentado por un gran dolor que, fingiendo llorar, tratara de descargar sus nervios irritados.
Un miedo demencial se apoderó de él. Temeroso de la opinión ajena, y sobre todo de la de Aglae, con una repulsión enfermiza hacia cualquier contacto con las autoridades públicas, se veía ya detenido, llevado a la policía, señalado con el dedo por todo el mundo. La carta le parecía un documento terrible, de autenticidad indiscutible. El viejo Costache había profesado siempre un verdadero culto por todo lo escrito por otros, él que jamás tomaba la pluma en la mano. Una vez, en una de las casas que alquilaba, una inquilina se suicidó, y su nombre apareció en el periódico con el simple calificativo de propietario. El viejo Costache permaneció varios días encerrado en casa, aterrorizado ante la idea de que todo el mundo lo señalaría con el dedo.
Ahora Costache se estremecía ante cualquier chirrido de la verja, ante cualquier estrépito de un carruaje, como si la carta tuviera que traer inmediatamente consigo alguna consecuencia terrible. Ni por un instante se le pasó por la cabeza preguntarse de dónde procedía el anónimo, ni albergó la menor sospecha acerca de su verdadero autor. La carta, por sí misma, era una realidad que lo aterrorizaba como una sentencia de muerte, y se preguntaba, angustiado, qué hacer. Un primer instinto de conservación le aconsejó esconderla y se la embutió bien en el bolsillo. Al apartarla de ese modo, tenía la sensación de que también alejaba el peligro.
Al levantarse, Félix se enteró por Marina de que Simion estaba causando a la familia cada vez más disgustos. Se había marchado de casa y solo con grandes dificultades habían conseguido encontrarlo. No paraba quieto en ningún momento, y ahora Aglae estaba decidida a consultar a otro médico, de mayor renombre."



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