Manuela Sáenz baila con Giuseppe Garibaldi el rigodón final de la existencia (fragmento)Gastón Baquero

Manuela Sáenz baila con Giuseppe Garibaldi el rigodón final de la existencia (fragmento)

"Una tarde ya casi anochecida callaron los conjuros sobre el mar. Fue empujada suavemente la puerta, la del solitario vacío de aquella alma de aleteante gaviota. Bellos ojos en llama, carbunclos con el mirar de otro, del Bolívar de fiebre la envolvieron, y el torbellino de la cabeza rubia vistió de oro las entrañas de la anciana, colgando en los salones de su alma recamadas cortinas, tapices con escenas de amor, vergeles de erotismo.
Diciendo un verso de Poliziano en su lengua nativa entró el Desconocido: Mi nombre es Garibaldi, dijo, vengo a besar su mano, vengo a suplicarle que me deje contemplarla desnuda, acariciar lo que Él adoró. Dante nos ha enseñado a desposarnos con lo inalcanzable, con todo lo prohibido.
Voy a desnudarme, señora, para yacer junto a usted. Quiero que su cuerpo pase al mío el calor de aquel Hombre, su furia infantil para hacer el amor, su sed nunca saciada de poseerla a usted en cuerpo y alma y cubrirla de hijos.
La levanto, la arranco de esa silla de ruedas que es el trono de la viuda misma de Dios, la paseo en mis brazos, la llevo hasta la mar, la balanceo al compás de un rigodón. Sus senos vuelven a ser erectos como espuelas que elevan hasta el cielo el frenesí del deseo.
Voy a poseerla como nunca hombre alguno poseyera a Thais o a Ninon. Sólo le ruego, doña Manuela, doña Manuelita, que piense usted en Bolívar mientras tanto, que imagine hallarse entre sus brazos, sentirlo enloquecido por el fuego que tiene usted encendido para siempre.
Aquí estoy desnudo ante usted, me llamo Giuseppe, Giuseppe Garibaldi, quiero ser para usted únicamente el joven que bailaba como nadie el rigodón en las fiestas de Quito.
El joven que sólo aherrojado por los brazos de usted alcanzó a descubrir el sabor y el perfume de la vida. "



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