La oficina de paz de Orolandia (fragmento)Rafael Arévalo Martínez

La oficina de paz de Orolandia (fragmento)

"Llegó vestido de ceremonia, porque su malhadado sastre, de los cuatro vestidos mandados a hacer, el primero que le entregó fue el chaquet, y hasta la tarde de aquel mismo día no recibió los dos trajes de diario, negros y el frac. Muy alto, muy delgado, con una prenda de vestir ceñida, nuestro héroe se encontró perfectamente elegante; pero también perfectamente ridículo. Dos altos faldones azotaban sus nalgas; por una de las bolsas del chaquet asomaban las puntas de los dedos de flamantes guantes amarillos; un rico pantalón a rayas, de caro casimir, completaba su atavío. Y así, elegante y ridículo, se evoca aún Buendía, en la Oficina de Paz, muy cansado, de pie, apoyado contra la pared para no caerse.
(...)
De pronto hizo callar su fúnebre letanía un hecho que acentuó su terror. A los pies mismos de los oficinistas acababan de caer dos o tres proyectiles. Y en el colmo del espanto callaron los honorables viejos. Pero el pánico tuvo una expresión inesperada y grotesca en Rojo. A sus pies se fué extendiendo una poza de licor tibio y nauseabundo. El mísero vejete se había meado de miedo. "



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