Joyce (fragmento)Edna O'Brien

Joyce (fragmento)

"Cuando un visitante le preguntó por una calle de Dublín treinta años después de su marcha, Joyce, tras una breve pausa, le descubrió primero los adoquines bajo el ruido de los cascos de los caballos, el sonido de los pasos y sus diferentes ecos y luego los olores a moho y otras cosas como las bostas de caballo frescas y secas, o manzanas de caballo, como las llamaban los lugareños, y el juego de luces según las horas del día. Debió de resultarle una agonía vivir alejado de la ciudad que tanto amaba y no poder deambular por sus calles ni pasar por la playa durante la marea baja, con la arena llena de dibujos, el agua besando la orilla y el sigiloso mar bañado por el sol. Aquel paisaje fue la primera pasión de su juventud y nunca lo olvidó. En realidad nunca lo abandonó, a pesar del exilio: Aquel sollozo de tierra que era la suya. "


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