Entre ríos (fragmento) de El otro lado del tableroMaría Esther De Miguel

Entre ríos (fragmento) de El otro lado del tablero

"Se llamaba Sacramento Álvarez. Era alto y flaco, y de puro encorvado parecía un garabato. Era, además, el cuidador del cementerio en ese pueblo de mala muerte donde hasta la muerte podía ser una novedad. Aquel día, Sacramento Álvarez quedó agotado: había muerto Luisa Rossi, la rubia enfermera de la clínica, y acontecimientos como ése, claro está, incidían en su labor.
El tuvo ocasión de escuchar las dispersas voces que propagaron la noticia: una intoxicación, parece que diagnosticaron los médicos; exceso de barbitúricos, repitieron vecinos menos piadosos, aunque algunos agregaron: un descuido, quizá. Pero el rumor unánime y subterráneo musitó: suicidio. A Sacramento Álvarez sólo le quedó la pena de saber que ya no vería más a esa muchachita frágil que todos los domingos, apenas asomaba el alba, se acercaba hasta el cementerio para perderse entre sus minúsculos senderos, un ramo de rosas en las manos y una mirada triste en los ojos claros rumbeando, precisamente, para el lado ese al que la habían llevado por la mañana, un lugar cercano a la venerable bóveda de los Fernández Duval.
Vaya pues con la coincidencia, pensó ese día y al siguiente, cuando regresó para retirar las flores que, marchito su esplendor de un día, proclamaban la fugaz persistencia de lo efímero. "



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