La inmortalidad (fragmento) de La máquina de escribirJuan Martini

La inmortalidad (fragmento) de La máquina de escribir

"El escritor encoge los hombros, mira la copa de las tipas, las flores amarillas, dos o tres nubecitas que van de árbol en árbol, que desaparecen, en seguida, tras el follaje de un monte de pinos, hacia el norte, el sol no cae pero se oculta, los árboles lo cubren, la brisa sopla siempre desde el este, mañana, tal vez, hará menos calor que hoy, el aire es seco, tibia, la brisa cruza el aire con un ligerísimo frescor, mueve las ramas de las tipas, de los ceibos, de las falsas acacias, algunas florecitas caen, el escritor camina sobre el tapiz de flores amarillas, se oye, ahora, que se lo ve por allá con alguna frecuencia, en estos días, que es un hombre marcado por una forma de la felicidad que no tiene definición, nombre, clase, se mueve, aquella figura, como una figura que no encaja en la escena pero que le da, a la escena, su motivo, las manes en los bolsillos del pantalón, el saco con dos botones abrochados, la camisa blanca, arrugada, las puntas del cuello hacen curvas como tiernos colmillitos de marfil, la corbata negra flota en el aire seco, tibia, se sostiene en el paso gentil de esa brisa tan ligera que viene del este, que trae, desde el mar, el mensaje de la sal, del cielo eterno, de las distancias oceánicas, el recuerdo de la furia del mar, y, de más allá, la idea inasible pero real de que hay otros mundos, otras escenas, otras figuras, orillas, playas, acantilados lejanos desde donde podría imaginarse el mar como la frontera más allá de la cual existe otro mundo. "


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