Todos estábamos a la espera (fragmento)Alvaro Cepeda Samudio

Todos estábamos a la espera (fragmento)

"Y de pronto me quedo solo con la muchacha y las paredes se van alejando en cuatro direcciones y estamos allí solos, la muchacha y yo, y el negro, con los botones dorados de su chaqueta y su brillante escoba, se aleja empujado por la huida de las paredes mientras la muchacha de las revistas desaparece detrás de las carátulas multicolores que le hacen muecas. Yo le hablo. En la enorme soledad de la estación mi voz y la voz de la muchacha van llenando lentamente todos sus vacíos. Y después ya no hablamos más. La muchacha se duerme contra la madera lustrosa de los bancos y yo estoy velando su sueño derrotado.
(...)
Y otra vez las estaciones repetidas a lo largo del cansancio que había comenzado hacía muchas semanas. Y por fin he llegado a esta estación.
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Cuando la voz vieja conocida que anuncia las llegadas y las salidas anunció el nombre que esperábamos, ya éramos nosotros. Y subimos a nuestro bus. Ahora estamos en este bar todavía a la espera. Nos rodea gente, cada uno con su espera. Estamos estrechamente unidos en que todos sabemos que estamos a la espera pero no nos conocemos, ni siquiera hablamos. Solamente "nosotros" hablamos de vez en cuando. Y ahora ha llegado este hombre y nos ha hablado, nos ha dicho cosas que no hemos preguntado. Secretamente sabemos que ha de seguir hablando y hablando, que mañana vendrá y hablará otra vez, y seguirá viniendo todas las noches. Vamos a tener miedo, miedo de que nos interrumpa a cada momento cuando nos ponemos a parar monedas de canto sobre la madera humedecida por nuestros vasos. Y de que pregunte cuándo nos ponemos a jugar con los círculos de agua que hay debajo de cada trago.
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Yo sé que nos está mirando y espera que volvamos la cabeza hacia él para seguir hablando. Pero tenemos miedo y no queremos mirarlo, no podemos mirarlo porque tenemos los ojos redondeados sobre los vasos. No podemos oírlo pues alguien ha vuelto a meter monedas en el tocadiscos y hemos hecho tapones de música para nuestros oídos. Y para distraernos pensamos: -la foca azul tiene una pelota blanca y roja sobre la nariz - cómo se llamará la foca - tonto no ves que se llama Carstairs - no ese no es el nombre de la foca - es el nombre del whisky - pero no es lo mismo - yo siempre quise ver las focas - vamos a verlas una tarde cuando haya verano - no, ya he perdido el interés y de propio no son tan reales como esta foca azul - aquellas también tendrán pelotas rojas pues yo las llevaré - llevaremos pelotas blancas y pelotas rojas, las más grandes y más blancas y más rojas que podamos conseguir - llevaremos pelotas para dárselas a las focas - sí tal vez podríamos ir un día cuando haya verano - y después iríamos a un cine, me gusta el cine - creo que me gustaría ver una película que se llame los rinocerontes hacen pompas de jabón en la que esté Susan Peters que cuando yo era pequeño se parecía a una muchacha que llevaba sus libros amarrados con una correa verde - hubo un tiempo cuando veía todas las películas - cuando no se tienen sueños, cuando no esperamos nada, tenemos que meternos en las salas de cine y tomar los sueños prestados de las películas- también yo iba al cine todos los días a hacer míos todos los sueños-. Dejamos de pensar y nos pusimos a jugar otra vez con las monedas".
(...)
Nos habíamos olvidado de nuestro miedo. No supimos cuándo entró; estaba mirándonos cuando alzamos la cabeza para pedir los tragos. La vimos al mismo tiempo, pero yo me quedé solo mirándola. Cuando me levanté, todas las monedas que estaban paradas de canto comenzaron a rodar. Yo le dije: "He estado esperándote Madeleine". Y luego: "Ahora vendrás todas las noches". Ella siguió mirándome y asintió. Cuando salíamos oí su voz diciéndome: "Ya no me necesitas más. Déjame ir ahora". Yo le tomé la mano y se la apreté con fuerza. Mientras cruzamos la calle veíamos a Madeleine a través de la vitrina que había comenzado a esperar. "



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