Scivias (fragmento)Hildegard Von Bingen

Scivias (fragmento)

"El entendimiento se halla en el alma como el verdor de las ramas y las hojas en el árbol; la voluntad, como las flores; el ánimo, como el primer brote de su fruto; la razón, como el fruto ya en sazón; los sentidos, como el alcance de su altura y anchura.
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Pero del que se sentaba en la cima del monte comenzaron a brotar multitud de centellas con vida propia, que revoloteaban muy suavemente alrededor de estas imágenes: del Dios Omnipotente dimanan, rutilantes en la claridad divina, las distintas y poderosas virtudes que, con su amparo y custodia, cobijan a cuantos temen verdaderamente al Señor y aman, en la fe, la pobreza de espíritu, y con fervor los abrazan y apaciguan...
Lucifer, que por su soberbia cayó de la gloria celeste, era tan grande y luminoso cuando fue creado, que no sintió defecto alguno ni en su belleza ni en su fuerza. Así, al contemplar su propia luz y ponderar la energía de su fuerza, descubrió la soberbia, que le prometió lograr cuanto quisiera emprender. Y, viendo un lugar donde imaginó que podría subsistir, ansiando exhibir allí su belleza y su fuerza, murmuró en su corazón sobre Dios: «Brillaré allí como Él aquí». Entonces todos sus ejércitos le dieron su consentimiento, diciendo: «Lo que tú quieres, también nosotros lo queremos». Y cuando, en la soberbia enaltecido, trató de cumplir lo que había tramado, la ira del Señor, extendiéndose como calígine de fuego, lo abatió con toda su cohorte; así que, en carbón se tornó el fulgor de que gozaron, y en vez de diáfanos, de sombras se llenaron...
Ni un hombre, concebido en el pecado, ni un ángel, sin el vestido de la carne, podían liberar del poder diabólico al hombre, que en la culpa yacía, atormentado bajo el peso de su cuerpo. Sólo Aquel que vino sin pecado, en un cuerpo puro y libre de culpa rescató al hombre con Su Pasión. Por eso, he aquí que reúno a los hombres, aunque nacen en el pecado, para llevarlos al Reino Eterno cuando fielmente lo buscan...
Pero, ahora, os hablo a vosotras, Mis ovejas bien amadas, plantadas en Mi corazón, semillas de castidad. Sí: Yo fui el que sembró la virginidad, porque también Mi Hijo nació de una virgen. Por eso es el más bello fruto de entre todos los frutos del valle, y es imponente, más que toda la nobleza que en la Morada del Rey Eterno habita; que no está subyugada al precepto de la ley, pues trajo a Mi Hijo Único al mundo. Así que prestad oído cuantos queráis seguir a Mi Hijo en la inocencia de la libre castidad o en la soledad de la desconsolada viudez; pues aunque la virginidad, inmaculada desde el principio, sea más noble que la viudez, otrora oprimida bajo el yugo del varón, ésta puede seguir los pasos de aquélla, transcurrido el dolor tras la pérdida del cónyuge. "



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