La reliquia (fragmento)José María Eça de Queiroz

La reliquia (fragmento)

"Corrió a la mesa donde quedaban algunos pliegos del papel en que yo escribí a la tía la historia edificante de mi estancia en Alejandría, las noches consumidas embebiéndome en la lectura de los Evangelios... Con la camisa perfumada en brazos, yo sentía dos lágrimas rodar por mis barbas y miraba angustiosamente en torno mío, mirando dónde guardar aquella preciosa reliquia de amor. Las maletas estaban cerradas. El saco de lona estaba lleno.
     Topsisu, impaciente, sacaba de las profundidades del pecho su reloj de plata. El lacedemonio gritaba desde la puerta:
     -Don Teodorico, es tarde; muy tarde.
     Pero mi bien amada ya sacudía el papel cubierto con letras que había trazado, largas, impetuosas y francas como su amor:
     "A mi Teodorico, mi portuguesito valiente, en recuerdo de lo mucho que gozamos".
     -Gracias, riquita. ¿Y cómo llevo yo esto?
     Ya el Alpendrinha, de rodillas, abría desesperadamente el saco. Entonces Maricocas, con una inspiración delicada, agarró una hoja de papel pardo, cogió del suelo un cordel encarnado y sus habilidosas manos de guantera hicieron de la camisita un envoltorio redondo, cómodo y gracioso, que metí bajo el brazo apretándolo con avarienta e inflamada pasión.
     Después fue un murmullo arrebatado de sollozos, de besos, de caricias.
     -¡Mary, ángel querido!
     -¡Teodorico, amor!
     -Escríbeme a Jerusalén.
     -Acuérdate de tu riquita bonita. "



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