Llampo de sangre (fragmento)Oscar Castro

Llampo de sangre (fragmento)

"El rancho de Ña Liboria parece protegido por una valla de terror. Todos lo miran desde lejos, arinconado contra el cerro, y desvían de modo inconciente las pisadas del camino que conduce a él. Su presencia es hostil, como si algo prohibido ocultaran sus paredes ahumadas y su techo de latas herrumbrosas. Una pequeña comba del terreno lo levanta sobre las viviendas del caserío que se divisa más abajo. Una ventana carcomida, con gangochos para tapar el viento, parece a la distancia un ojo siniestramente fijo en el valle.
Ña Liboria es un manojo de huesos y de piel arrugada bajo su pollera negra y su chal desteñido como humo de rastrojos. Sus labios se apegan a las encías faltas de dientes, en tanto que su nariz avanza, filuda y agresiva como una proa. Sus ojos bailan, allá entre las arrugas, y sus manos se mueven enguantadas por una pátina de sahumerios y zumos de yerbas.
Nadie recuerda en Rinconada Chica la fecha en que amaneció su figura junto al cerro. Parece formar parte del paisaje, como las matas de quisco y las rocas desprendidas. Los más viejos, tal vez pudieran decir su historia; pero se callan sofrenados por el terror. Se sabe, vagamente, que su madre fué curandera famosa, mano santa que atraía dolencias y males hasta su guarida para disolverlos con un conjuro. La hija recibió por herencia el secreto de las yerbas que alivian, de las que matan y de las que producen la locura, el delirio, la fiebre y la alucinación.Conoce, además, las palabras que traen a las ánimas, las, que ahuyentan al Demonio, las que arrojan el mal del espíritu del cuerpo. Familiares le son los ocultos poderes del aceite derramado en las puertas, la fuerza misteriosa de la tierra de cementerio, las mágicas virtudes del gato negro, del huevo de culebra, de la sangre del piuchén, del sapo con la boca cosida.
Leñadores o arrieros que se han topado su rancho en la noche, cuentan que Ña Liboria, mientras ceba su mate, conversa con seres invisibles, rie, insulta, eleva como arañas sus manos para contener el ataque de alguna fuerza contraria. Su aliado, sin duda, es el propio Demonio, a quien consulta para curar padecimientos o amarrar voluntades. Cuando aúllan los perros en la sombra, es que han visto a la vieja convertida en chonchón con rumbo al Cerro Negro, en donde alguien oyó la zalagarda de los brujos y el balar de un chivato con ojos de fuego. "



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