Vidas paralelas (fragmento) Plutarco

Vidas paralelas (fragmento)

"Muere César a los cincuenta y seis años cumplidos de su edad, no habiendo sobrevivido a Pompeyo mas que cuatro años; sin haber sacado otro fruto que la nombradía y una gloria muy sujeta a la envidia de sus conciudadanos de aquel mando y de aquel poder tras el que toda su vida anduvo entre los mayores peligros y que apenas pudo adquirir; pero aquel buen Genio o Numen que mientras vivió cuido de él, le siguió después de su muerte para ser vengador de ella, haciendo huir, y acosado por mar y por tierra a los matadores hasta no dejar ninguno; y antes acabando con cuantos con la obra o con el consejo tuvieron parte en aquel designio. De los acontecimientos puramente humanos que en este negocio sucedieron, el más admirable fue el relativo a Casio; porque vencido en Filipos se pasó el cuerpo con aquella misma espada de que usó contra César. De los sobrehumanos, el gran corneta que se dejó ver muy resplandeciente por siete noches inmediatamente después de la muerte de César, y luego desapareció, y el apocamiento de la luz y fuerza del sol. Porque en todo aquel año su disco salió pálido y privado de rayos, enviando un calor tenue y poco activo; así el aire era oscuro y pesado por la debilidad del calor que lo enrarece, y los frutos se quedaron imperfectos inmaturos por la frialdad del ambiente. Mas lo que principalmente demostró no haber sido grata a los dioses la muerte dada a César fue la visión que persiguió a Bruto, y fue en esta manera: estando para pasar su ejército desde Abido al otro continente, descansaba por la noche en su tienda como lo tenía de costumbre, no durmiendo, sino meditando sobre las disposiciones que debía tomar; pues se dice que entre todos los generales Bruto fue el menos soñoliento y el que por su constitución podía aguantar más tiempo en vela. Pareció, pues, haberse sentido algún ruido hacia la puerta, y mirando a la luz del farol, que ya ardía poco, se le ofreció la visión espantosa de un hombre de desmedida estatura y terrible gesto. Pasmóse al pronto; pero viendo después que nada hacía ni decía, sino que estaba parado junto a su lecho, le preguntó quién era, y el fantasma le respondió: "Soy, oh Bruto, tu mal Genio, ya me verás en Filipos". Alentado entonces Bruto, "Te veré", le dijo, y el Genio desapareció al punto. Al prefinido tiempo, puesto en Filipos al frente de su ejército contra Antonio y Octavio César, vencedor en la primera batalla, destrozó y puso en dispersión a las tropas que se le opusieron, saqueando el campamento de César. Habiendo de dar segunda batalla, se le presentó otra vez el fantasma en aquella noche sin que le hablase palabra; pero entendiendo Bruto su hado, se abalanzó desesperadamente al peligro. No murió con todo peleando, sino que después de la derrota, retirándose a la eminencia de una roca se arrojó de pechos sobre su espada desnuda, y dando tino de sus amigos fuerza, según dicen, al golpe, de este modo perdió la vida. "


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