La bruja (fragmento)Jules Michelet

La bruja (fragmento)

"Los santos, esos bienamados, los hijos de la casa, no se mueven contemplan, sueñan; esperan esperando, seguros de tener un sitio entre los elegidos. La poca actividad que tienen se concentra en el círculo cerrado de la Imitación (esta palabra es toda la Edad Media). Pero él, el bastardo maldito, que sólo merece el látigo, no puede esperar. Sale a buscar y no descansa jamás. Se agita entre la tierra v el cielo. Es muy curioso, revuelve, entra, sondea, mete la nariz en todo. Se ríe, se burla del Consummatum est. Siempre repite: 'Más lejos", “¡Adelante!"
Por otra parte, no es un ser difícil. Recoge todos los restos: toma lo que el cielo bota. Por ejemplo, la Iglesia bota a la naturaleza, como impura y sospechosa. Satán se apoderó de ella, se adornó con ella. Más aún, la explotó y se sirvió de ella, hizo nacer las artes, aceptó el gran nombre con que se quiere herirlo, el de Príncipe del Mundo.
(...)
No somos nosotros solamente, ¡ay!, es toda la naturaleza que se vuelve demoniaca. Si el diablo está en una flor, ¡cuánto más estará en el sombrío bosque! La luz, que se creía tan pura, está llena de hijos de la noche. El cielo repleto de infierno... ¡qué blasfemia! ¿Qué se ha hecho de la divina estrella de la mañana, cuyo centelleo sublime más de una vez aclaró a Sócrates, a Arquímedes o a Platón?... Es un diablo: el gran diablo Lucifer.
Por la noche se transforma en el diablo Venus, que me induce a tentación con sus muelles y suaves claridades.
No me sorprende que esta sociedad se haya vuelto terrible y furiosa. Indignada de sentirse tan débil contra los demonios, los persigue por todas partes en los templos, al principio en los altares del antiguo culto, después en los mártires paganos. Basta de festines: pueden ser reuniones idólatras. Hasta la misma familia es sospechosa, pues la costumbre podía reunirla en torno de los antiguos lares. Y ¿por qué una familia? El Imperio es un imperio de monjes.
Pero el individuo solo, el hombre mudo y aislado, mira todavía el cielo y en los astros encuentra y honra a sus antiguos dioses. “Es esto lo que trae las hambres - dice el emperador Teodosio - y todos los flagelos del imperio”. Terribles palabras que lanza sobre el pagano inofensivo la ciega cólera popular. La ley desencadena ciegamente todos los furores contra la ley.
Dioses antiguos, entrad al sepulcro. Dioses del amor, de la vida, de la luz, ¡apagaos! Poneos el capuchón de monjes. Vírgenes: sed religiosas. Esposas: abandonad a vuestros esposos; o, si conserváis la casa, sed para ellos como frías hermanas. "



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