Historia de Gil Blas de Santillana (fragmento)Alain-René Lesage

Historia de Gil Blas de Santillana (fragmento)

"Sin perder tiempo fui yo mismo a traerles papel y tinta, y uno y otro se pusiéron a componer dos papeles muy gustosos para la hija del doctor Marcos de la Llana. Especialmente Pacheco no encontraba voces bastante fuertes que le contentasen para expresar sus sentimientos; y asi hizo pedazos cinco ó seis billetes, por parecer sus expresiones poco enérgicas y poco duras. Al cabo compuso uno que le satisfizo, y á la verdad tenia razon para quedar satisfecho, porque estaba concebido en estos términos: Aprende ya á conocerte, reina mia, y no tengas la presuncion de creer que yo le amo. Para esto era menester otro mérito mayor que el tuyo. No veo en ti el menor atractivo que merezca mi atencion más que por un momento. Solamente puedes aspirar á los inciensos que te tributarán las hopalandas más miserables de la universidad. Escribió, pues, esta agradable carta, y cuando Aurora acabó la suya, que no era ménos ofensiva, las cerró entrambas bajo una cubierta, y entregándome el pliego: Toma, Gil Blas, me dijo, y haz que Isabel reciba este pliego esta noche. Ya me entiendes, añadió guiñándome de ojo; señal cuyo significado entendi perfectamente. Si, señor, le respondi: será usted servido como desea.
(…)
¿Y quien es ese caballero? me preguntó el pagecillo; y apénas le respondi que era don Luis Pacheco , cuando todo regocijado me respondió: ¡ Ah! si el papel es de ese señorito, sigueme, pues tengo órden de mi ama de introducirte en su cuarto, que quiere hablarte. Seguile en efecto, y llegué á una sala, donde muy presto se dejó ver la señora. Quedé admirado de su hermosura, tanto que me pareció no haber visto facciones mas lindas en mi vida. Tenia un aire tan delicado y aniñado, que parecia ser de edad de quince años, sin embargo de que habia mas de treinta que caminaba por si misma sin necesitar de andadores. Amigo, me preguntó con cara risueña, ¿eres criado de don Luis Pacheco? Si, señora, le respondi, tres semanas ha que entré á servir á su merced; y diciendo esto le entregué respetuosamente el fatal papel que se me habia encargado. Leyóle dos ó tres veces, con semblante de dudar de lo que sus mismos ojos veian. Con efecto, nada esperaba ménos que semejante respuesta. Alzaba los ojos al cielo, mordiase los labios, y todos sus indeliberados movimientos hacian patente lo que pasaba dentro de su corazon. Volvióse despues hácia mi y me dijo: Amigo mio: don Luis se ha vuelto loco desde que se ausentó de mi? No comprendo su modo de proceder. Dime, amigo, si lo sabes, ¿qué motivo ha tenido para escribirme un papel tan cortesano, tan atento?... ¿Qué demonio le tiene poseido? Si quiere romper conmigo, ¿no sabria hacerlo sin ultrajarme con una carta tan grosera? "



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