Principios de la teoría de los inteligibles (fragmento) Porfirio

Principios de la teoría de los inteligibles (fragmento)

"En primer lugar, el fundamento y base de la purificación estriba en conocerse a si mismo, en saber el hombre que es un alma ligada a un ser ajeno a ella y de esencia diferente de la suya. Ya que esta uno convencido de esta verdad, ha de recogerse en si mismo, desprendiéndose del cuerpo y emancipándose completamente de sus pasiones. El que se sirve con demasiada frecuencia de sus sentidos, bien que lo haga sin poner en ello apego ni deleite, se ve, empero, distraído por el cuidado del cuerpo, y es encadenado a éste por la sensibilidad. Los dolores y los placeres producidos por los objeto sensibles ejercen sobre el alma una gran influencia y le inspiran inclinación respecto del cuerpo. Importa quitar al alma semejante disposición. “Con esa mira, el alma no concederá al cuerpo sino aquellos deleites que le son necesarios, que sirven para curarle de sus sufrimientos, para aliviarle de sus fatigas, para impedirle que llegue a ser importuno. Libraráse el alma de los dolores; si esa liberación no esta en su mano, sobrellevará pacientemente el dolor y lo disminuirá al no consentir en compartirlo. Mitigará la cólera cuanto sea posible; tratara, inclusive, de suprimirla por entero, y si no puede lograr esto, a lo menos en nada participara de ella por su voluntad, dejando a otra naturaleza (a la naturaleza animal) el arrebato irreflexivo, y, sobre esto, reduciendo y debilitando los movimientos involuntarios en la mayor medida posible. Será inaccesible al temor, pues que ya nada tiene que temer, y también en este orden reprimirá todo movimiento brusco; no dará oídos al temor, como no se trate de una advertencia de la naturaleza ante la proximidad de un peligro. No deseará absolutamente nada vergonzoso; en el beber y en el comer no buscará sino la satisfacción de una necesidad, a la que, empero, permanecerá extraña. En cuanto a los deleites del amor, ni aun involuntariamente gozará de ellos; a lo menos, no excederá de los impulsos de la imaginación que tiene su teatro en los sueños. En el hombre purificado, la parte intelectual del alma se hallará pura de todas estas pasiones. Querrá, inclusive, que la parte que siente las pasiones irracionales del cuerpo las perciba sin ser agitada por ella ni abandonarse a su influjo; de esta manera, si la misma parte irracional llega a sentir emociones, estas serán prestamente calmadas por la presencia de la razón. No habrá, pues, lucha cuando el hombre haya progresado en la purificación. Bastará con que la razón este presente; el principio inferior la respetará hasta el punto de airarse contra sí mismo y reprocharse su propia debilidad, si llega a sentir alguna agitación que pueda turbar el reposo de su señor.” En tanto que el alma experimenta aun pasiones, aunque esas pasiones sean moderadas, tiene que hacer todavía nuevos progresos para llegar a ser impasible. Solo cuando ha cesado por completo de compartir las pasiones del cuerpo es realmente impasible. Lo que permitía a la pasión agitarse era, en efecto, que la razón le dejaba las riendas sueltas, debido a su propia inclinación. "


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