La noche del cazador (fragmento)Davis Grubb

La noche del cazador (fragmento)

"John contuvo la respiración para escuchar mejor, luego espiró rápidamente y volvió a aspirar, y a contener la respiración, a fin de escuchar de nuevo, con los ojos escocidos y cansados de mirar el halo luminoso de la luna, dispuesto a no dejar pasar el más mínimo movimiento en la vasta llanura que se extendía entre el granero y el río. Se oía con tanta claridad y nitidez como si la vocecita estuviera en la montaña de heno bajo su codo, y, de repente, John lo vio a lo lejos, en la carretera; surgió de pronto por detrás de un alto ciclamor como a medio kilómetro de distancia: un hombre montado en un gran caballo, que avanzaba a paso lento y con una horrible y laboriosa parsimonia por el liviano polvo del camino del río.
(...)
El Predicador se enjugó con el dorso de la mano las lágrimas que surcaban sus curtidas mejillas. Fue entonces cuando Rachel vio las letras tatuadas formando la palabra ODIO y se estremeció, y en las alacenas oscuras de su mente se agolparon las advertencias del viejo sentido común, que chillaban como ratones asustados. Él se dio cuenta de su mirada despavorida, e inmediatamente comenzó a explicarse. Lo escuchó impasible mientras la voz cada vez más fuerte del Predicador describía la guerra entre el bien y el mal en el interior del corazón humano y sus nudillos crujieron y chirriaron al entrelazar las manos y los dedos se enroscaron y lucharon.
(...)
Allí fue donde lo vi, Bess. En el fondo del agua. ¡El viejo Ford T de Ben Harper con ella dentro…! ¡Que Dios me proteja…! ¡Con ella dentro…! Sentada allí con un vestido blanco y mirándome a los ojos, con una enorme raja bajo la barbilla tan nítida como las agallas de un siluro… ¡Oh, Dios Todopoderoso…! Y su pelo ondeaba suave y perezosamente como la hierba en un prado inundado por las aguas. ¡Willa harper, Bess! ¡Era ella! Allá abajo, en la poza profunda, dentro de aquel viejo Ford T, con los ojos muy abiertos y una raja en la garganta como si tuviera una boca extra. ¿Me oyes, Bess? ¿Estás escuchando, mujer? ¡Dulce Jesús, sálvanos! "



El Poder de la Palabra
epdlp.com